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Se utilizan poco las "bombas inteligentes" contra linfomas
WASHINGTON, abril 30 2007.-
Apenas una fracción de pacientes con tratamientos por linfoma difíciles de
tratar han consumido dos fármacos avanzados, apodados "bombas inteligentes"
que llevan las radiaciones directamente a las células cancerosas con apenas
un par de inyecciones que se aplican con diferencia de dos semanas entre una
y otra, en lugar de los tratamientos que pueden durar meses.
El fracaso
en su mercadeo ha provocado que uno de los fabricantes intente vender a
cualquier costo uno de los medicamentos, y ha provocado la desilusión de
algunos especialistas, que temen que esto podría poner en peligro los
esfuerzos que buscan mayores avances dentro de un campo nuevo en la lucha
contra varios tipos de cáncer.
A este
tipo de terapias se les conoce como radio inmunoterapia, que dota a células
del sistema imnunológico (anticuerpos) con un fármaco radiactivo. Los
anticuerpos atacan a las células cancerosas, las cuales liberan su carga
radiactiva, sin causar graves daños a los tejidos circundantes como sí
ocurre con la quimioterapia.
Sólo dos
fármacos para combatir el cáncer linfático se venden bajo las marcas Zevalin
y Bexxar. Sin embargo, se están efectuando en sus primeras etapas más de
seis estudios contra otros tipos de cáncer particularmente virulentos, como
el cáncer pancreático, el cáncer cerebral, y casos avanzados de cáncer de
próstata.
El asunto
es que a pesar de que las investigaciones demostraron que los fármacos
trabajan estupendamente, menos del 10% de los pacientes de linfomas que son
candidatos a usar Zevalin y Bexxar lo emplean, indicó el médico Mark
Kaminski, de la Universidad de Michigan, un hematólogo que fue coinventor de
Bexxar.
¿Por qué?
los especialistas dan una compleja lista de razones por las cuales no se
utiliza, sobre todo la del hecho de que en Estados Unidos la mayoría de los
oncólogos no tienen licencias para administrar la infusión radiactiva y
deben referir a sus pacientes a un médico nuclear.
Asimismo,
existe confusión sobre los riesgos de la radiación, pues los estudios
destacan que los fármacos provocan daños mínimos y estos medicamentos
trabajan mejor al principio de la terapia, y no como tratamiento de último
recurso.
"Hay
muchas razones para emplearlos, pero parece haber una inercia en su contra.
Esto ciertamente lo compruebo con pesar", señaló el doctor Mitchell Smith,
director de linfomas en el Centro de Cáncer Fox Chase en Filadelfia.
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