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Bush recibe a la reina de Inglaterra
WASHINGTON, mayo 7, 2007.-
Washington se llenó de niños en edad escolar y damas con
sombrero para recibir a la reina Isabel II de Inglaterra, esperada en la
Casa Blanca para una cena de estado del gobierno del presidente George W.
Bush.
Los toques
especiales no se hicieron esperar, con platos centenarios y un candelabro
comprado a un herrero en Londres, y una réplica en azúcar de la rosa que
adornó la coronación de la monarca en 1953 como centro de un pastel. Quesos
ingleses acompañaron la ensalada.
El
tradicional invitado especial, elegido de último momento, con seguridad era
de interés para la reina, amante de los caballos: el jockey Calvin Borel,
quien llevó al corcel Street Sense a la victoria en el Derby de Kentucky el
fin de semana, ante la mirada de la reina y su esposo, el príncipe Felipe.
"Es un
honor", dijo Borel al llegar a la cena. "Es como ganar el Derby de Kentucky,
incluso podría ser mejor", dijo.
Por otra
parte, no todo ha marchado perfectamente, ya que el presidente sin querer
dio a entender que la reina Isabel tenía más de 230 años de edad.
La
audiencia celebró a carcajadas un lapsus de Bush, quien dijo que la reina
había cenado con 10 presidentes de Estados Unidos y había ayudado a este
país a "celebrar su bicentenario en mil setecientos... perdón, mil
novecientos setenta y seis".
La reina,
de bien llevados 81 años, se tomó con gracia el error del avergonzado
mandatario.
Bush
bromeó, diciendo que la reina "me miró de una manera que sólo una madre
puede dedicar a un hijo", lo cual la hizo reír discretamente.
Posteriormente, la primera dama Laura Bush cometió su propio error, al decir
que la cena de estado ofrecida por el padre del actual mandatario, George H.
W. Bush, en honor de la reina, fue en 1993 y no en 1983.
Olvidados
los toques de humorismo involuntario, el presidente y la reina tomaron
cursos diferentes en sus discursos antes de la cena.
Bush habló
sobre la relación entre Estados Unidos y Gran Bretaña en cuanto a Irak y la
lucha contra el terrorismo. En apenas cuatro minutos, mencionó la palabra
"libertad" y sus sinónimos varias veces. "Su majestad, reconozco su liderato
durante este tiempo de peligro y decisión".
En
contraste, la monarca dijo que su quinto viaje a Estados Unidos representaba
una ocasión para "hacer a un lado nuestras preocupaciones actuales".
Independientemente de las diferencias, la cena fue disfrutada por todos y el
presidente especialmente encontró agradable el vestirse para la ocasión, la
sexta cena de estado de su presidencia, aunque en principio lo hizo a
insistencia de la primera dama y la secretaria de Estado, Condoleezza Rice.
La reina y
su esposo fueron recibidos con una fanfarria de trompetas y un saludo de 21
cañonazos, mientras millares de invitados se aglomeraban en el jardín de la
mansión presidencial para echar un vistazo a la monarca.
El
violinista Itzhak Perlman engalanó la velada con un recital.
La Casa
Blanca dijo que 7.000 personas fueron invitadas a la ceremonia de llegada.
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