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Receso en el debate sobre reformas migratorias
WASHINGTON, mayo 25, 2007.-
Los legisladores se preparaban el viernes para un contragolpe político de
los sectores liberales y conservadores por una amplia reforma inmigratoria
que permanecerá en remojo mientras los senadores permanecen en sus estados
durante el fin de semana festivo por el Día de los Caídos.
El receso,
que se extenderá hasta el feriado del lunes, servirá para que los
congresistas se prepararen para hacer frente al descontento reinante entre
liberales y conservadores por el acuerdo.
Tanto los
opositores como los partidarios de la iniciativa dijeron que utilizarán los
días del receso para influenciar a los senadores que votarán a su regreso.
El
proyecto crea un programa de trabajadores invitados y allana el camino de
los indocumentados a la ciudadanía, al tiempo que refuerza la seguridad
fronteriza.
"Al entrar
en el fin de semana del Día de los Caídos, los miembros del Bloque de
Reforma de Inmigración irán a sus distritos y le recordarán a sus electores
sobre el daño a largo plazo que provocará la aprobación de un programa de
amnistía a nuestros esfuerzos de atender la inmigración ilegal", expresó
Brian Bilbray, uno de los legisladores del oficialismo republicano que se
opone a la medida.
Una
coalición de organizaciones que presiona activamente para que se apruebe el
proyecto de ley,
integrada por sindicatos de trabajadores, activistas hispanos y grupos
religiosos,
también planeaba presionar a los legisladores que la apoyaron para que no
den marcha atrás.
Los
legisladores ya comenzaron a escuchar las voces de oposición a la medida.
"He
aprendido algunas palabras nuevas de algunos de mis electores", manifestó el
senador del oficialismo republicano Jon Kyl, un conservador influyente que
ha sido muy criticado en su estado fronterizo de Arizona por llegar a un
acuerdo con la oposición demócrata para reformar las normativas de
inmigración.
El Senado
comenzó a analizar la iniciativa esta semana y la retomará después del
receso del fin de semana.
El
proyecto incluye iniciativas apoyadas por los sectores conservadores, como
un programa de verificación del estatus legal de los inmigrantes para evitar
que los indocumentados consigan empleo, y un nuevo sistema que prioriza la
educación y las habilidades de las personas al momento de decidir quién
puede inmigrar a este país. Hasta ahora era más fácil para quienes tenían
familiares.
Los
liberales consideran que la nueva cláusula es injusta para las familias y se
opone al programa de trabajadores temporales, que permitiría que los
extranjeros vengan a Estados Unidos sin la garantía de que puedan quedarse y
conseguir la ciudadanía.
Pero el
proyecto también incluye una de las prioridades de los demócratas: conceder
un estatus legal a los cerca de 12 millones de inmigrantes indocumentados
que se encuentran en este país. Los conservadores consideran a esto como un
programa de amnistía inaceptable.
El
presidente George W. Bush, que ha convertido en una de sus prioridades a la
reforma inmigratoria, dijo que no se sorprendió al tenor del debate, e instó
a los legisladores a que aprueben la iniciativa.
Los
gestores del proyecto de ley planeaban mantener intensas negociaciones sobre
los cambios protestos la semana próxima. Las reformas podrían alterar el
acuerdo bipartidario y poner en peligro su aprobación.
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