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Gordon Brown, un enigma para el pueblo británico
LONDRES, Mayo 10, 2007.-
Tras una década de espera en segundo plano, Gordon
Brown está a punto de tener su turno.
Es casi
seguro que el tesorero taciturno, al que se le acredita gran parte del
reciente auge económico de Gran Bretaña, se convertirá en el próximo primer
ministro para fines de junio, cuando Tony Blair deje el puesto.
Descrito
con frecuencia como alguien hosco, Brown, de 56 años, ha sido criticado por
todo, desde su caspa hasta su presunta "crueldad estalinista", y no se
destaca por su facilidad para las relaciones públicas.
El ex
ministro del Gabinete Charles Clarke lo llamó el año pasado un "maniático
del control". Andrew Turnbull, que antes de Clarke ejerció el mismo puesto y
que rompió un código tradicional de silencio, dijo que con frecuencia Brown
ha menospreciado a sus colegas.
Pero para
el público, Brown es en gran medida un enigma, y podría pasar cierto tiempo
antes de que eso cambie.
"No creo
que veremos al verdadero Brown sino hasta las elecciones generales", que no
se esperan antes del 2009, dijo Anthony Seldon, un biógrafo que ha dado
seguimiento a las vidas de Blair y de Brown.
Probablemente dichos comicios generales provocarán una lucha brutal entre
Brown y David Cameron, el juvenil líder del Partido Conservador que ha sido
comparado con el carismático Blair cuando era más joven.
Tanto
Brown como Blair ganaron sus escaños en el parlamento en 1983. Fue el inicio
de una larga y por momentos enconada rivalidad entre ambos, que llegaron a
ser conocidos como la "Pareja dispareja".
En un
momento dado, ambos llegaron a compartir una oficina en el parlamento.
Cuando el líder del Partido Laborista John Smith falleció de un infarto en
1994, se consideró tanto a Blair como a Brown para ocupar el puesto.
Rumores
políticos señalan que ambos llegaron a un acuerdo en un restaurante de
Londres, de que Blair asumiría el puesto de líder del partido y Brown
controlaría el tesoro. Bajo el acuerdo, Blair dejaría el puesto a la mitad
de su segundo período, y Brown se convertiría en el primer ministro de Gran
Bretaña.
Sin
embargo, ello no ocurrió, y a medida que pasaron los años y Blair siguió
siendo primer ministro, los periódicos británicos se llenaron de rumores de
disputas entre ambos hombres.
Aunque en
un principio Blair apoyó la idea de que Gran Bretaña podía aceptar la moneda
común europea, el euro, Brown rápidamente derribó la idea, y buscó demostrar
de diversas formas que ello afectaría a la economía británica. Blair
abandonó la idea, pues necesitaba el respaldo de Brown.
Brown se
apegó a la promesa laborista de 1997 de congelar el impuesto sobre la renta,
e incrementó el gasto gubernamental. También impulsó la independencia del
Banco de Inglaterra, medida a la que se acredita el estable auge económico
británico.
Pocos
podrían ignorar la ambición política de Brown o su dominio de las ciencias
económicas.
A los 12
años comenzó a hacer campaña para el Partido Laborista, y para cuando tenía
20 ya era activista político.
Se graduó
con un doctorado de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, con una tesis
sobre los vínculos entre el Partido Laborista y los sindicatos escoceses, de
acuerdo con Robert Peston, autor del libro "La Gran Bretaña de Brown",
publicado en el 2005.
Pero más
allá de su lealtad al Laborista, se conoce poco de sus inclinaciones
políticas. Tiene vínculos cercanos con el Partido Demócrata estadounidense,
y se dice que tuvo una relación muy cercana con el ex candidato presidencial
John Kerry.
Aunque
Brown no puede convertirse en primer ministro hasta que Blair presente su
renuncia a la reina el 27 de junio, ya ha vivido casi un año en el número 10
de Downing Street, residencia oficial del primer ministro.
Los Blair,
a su vez, se mudaron con sus cuatro hijos al número 11, residencia
tradicional de los ministros del Tesoro británicos, porque es más amplia.
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