Opinión

Año 6.1- Edición Digital Nº 58

 

Javier Valle Riestra

Congresista por el

Partido Aprista Peruano

 

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El Frente Hayista de Liberación Nacional

Por Javier Valle-Riestra

Así como Manuel Seoane, al introducir el Día de la Fraternidad, el 22 de febrero de 1946, le dijera a Haya en bellísimo discurso, que le llevaba un recado del corazón del pueblo, quiero parodiarlo como compañero más viejo. Será dado en el lenguaje sin palabras con que habla el sentimiento popular. Vendrá de nuestros discurseadores compañeros parlamentarios, de los trabajadores de “La Tribuna”; de los obreros de las fábricas, de los estudiantes que saben de la reforma universitaria; de la firme mirada de los militantes sectorales. Recado del corazón del pueblo que viene desde el más allá de la vida, porque son los ocho brazos izquierdos en alto que llevaron al cielo los marineros fusilados en el trágico peñón; porque es la sombra católica de Philips y sus compañeros visitando a la muerte en las rocosas pampas ancashinas, porque son los miles de apristas que aún sobrevuelan en las enrojecidas pampas de Chan-Chan, y es la presencia tremenda de Arévalo, que ha regresado de la muerte con sus claros ojos verdes, para decir en nombre de todos los que emprendieron el viaje sin retorno: también, estamos aquí presentes, compañero.

Económicamente, Indoamérica es una dependencia del sistema capitalista mundial –parte o provincia del imperio universal del capitalismo financiero–, cuyos centros de comando se hallan en los países más avanzados de Europa, en los Estados Unidos de Norteamérica (USA) y ahora, también, en el Japón. Los continentes y pueblos de vida incipientemente desarrollada –“backward peoples”, según la gráfica expresión inglesa–,  forman las llamadas “zonas de influencia” del gran capitalismo que, en su etapa culminante de evolución, se expande y rebosa, conquista e imperializa al resto del mundo. Y aunque en todas las zonas de influencia existe más o menos aguda competencia de capitalismos –lucha  por el predominio de la captura de mercados y contralor y usufructo de las fuentes de materias primas–, es evidente que por convenios expresos, por conquista y colonización, o como resultado de largos procesos de tenaz concurrencia, en cada zona prevalece una bandera capitalista. Es así cómo a pesar del enunciado teórico y generalizante que nos afirma que el capitalismo constituye una internacional, la realidad nos enseña que su imperio se halla dividido aún en poderosos grupos rivales, bien definido cada cual bajo los colores simbólicos de una oriflama patriótica.

II

La fe en el resurgimiento indígena no proviene de un proceso de “occidentalización” material de la tierra quechua. No es la civilización, no es el alfabeto del blanco lo que levanta el alma del indio. Es el mito, es la idea de la revolución socialista. La esperanza indígena es absolutamente revolucionaria. El mismo mito, la misma idea son agentes decisivos del despertar de otros viejos pueblos, de otras viejas razas en colapso: hindúes, chinos, etc. La historia universal tiende hoy como nunca a regirse por el mismo cuadrante. ¿Por qué ha de ser el pueblo inkaico, que construyó el más desarrollado y armónico sistema comunista, el único insensible a la emoción mundial? La consanguinidad del movimiento indigenista con las corrientes revolucionarias mundiales es demasiado evidente para que precise documentarla. Yo he dicho ya que he llegado al entendimiento y a la valorización justa de lo indígena por la vía del socialismo… el proletariado indígena espera su Lenin. No sería diferente el lenguaje de un marxista.

III

La existencia de dos Perúes paralelos no es un fenómeno reciente. Por un lado el Perú Oficial de las insti­tuciones del Estado, los partidos, la banca y las empresas, los sindicatos, las universidades y colegios, las Fuerzas Armadas y la Iglesia; de los tribunales, la burocracia y el pa­pel sellado; de la cultura exocéntrica. Y, por el otro, el Perú Marginado: plural y multiforme; del campesinado y la masa urbana, de las asociaciones de vecinos, los cabil­dos tradicionales, las rondas y los varayoc; de los talleres clandestinos, los ambulantes y las economías de trueque, de reciprocidad y de mera subsistencia; de los cultos de los cerros, la espera de Inkarri y la devoción a las santas y beatas no canonizadas; el Perú que conserva, adapta y fusiona innumerables tradiciones locales y regionales; bilingüe, analfabeto y a veces monolingüe quechua, aymara o amazónico. Este contraste, gestado desde los primeros tiempos de la Colonia, se prolonga hasta avanzado el Perú Republicano.

IV

            No es plagio. No soy un plagiario. La primera cita es de Haya de la Torre en “El Antiimperialismo y el APRA” (Prólogo a la 1ª edición, 1935). La segunda cita es de Valcárcel en “Tempestad en los Andes” (1930), transcrita por Mariátegui en “Siete Ensayos de la Interpretación de la Realidad Peruana”. Y la última de José Matos Mar en “Desborde Popular y Crisis del Estado” (1986). Respectivamente setenta; setenta y cinco;  y veinte años. El único líder de los tres es Haya, un revolucionario, un profesor, un profeta. Pero los otros dos han tenido una visión del Perú que los renegados de hoy, los estadistas de la política criolla, que les encanta escribir con anglicismos y elogios platónicos de Vargas Llosa, niegan para afirmar que hemos entrado en un mundo globalizado que traerá prosperidad a los pueblos acabando con la lucha de clases y los conflictos civiles e insurrecciones. Todo eso es bazofia. Las masas están enardecidas. No creen en un sistema que en nuestro mundo pauperiza a los pobres y enriquece a los ricos. Las fuerzas productivas ya no están representadas en el Estado. Lo han rebalsado. Sus goznes han estallado.

Haya explica muy bien lo de la internacionalización del capital, hoy denominada globalización. Valcárcel no cree que el resurgimiento indígena sea la occidentalización. Es el mito lo que la determina. Por eso los aymaras están sublevados. Y Matos Mar describe bien el Perú dicotómico. El formal y el informal. El segundo luego de cuatro lustros de la profecía y quinientos de la conquista ha devorado al primero. El Estado senil de hoy no representa a la Nación peruana. Hemos llegado al epílogo. La casta política no lo ve. Se preparan para el gran festín del 28 de julio del 2006 a efecto de repartirse esa tarde escaños, fajines ministeriales y embajadas. No saben que a las puertas de palacio de Gobierno hay una multitud famélica dispuesta al asalto.

 V

El decrépito Estado peruano capituló en Ilave y fue jaqueado en Andahuaylas. No quieren entender los présbitas que la cadena socialmente opresora se ha roto por el eslabón más débil. En la República Aymara. Y no entienden tampoco que el problema no es Ilave, ni la provincia del Collao, ni  el departamento de Puno, ni la República del Perú. Es el fuego en los andes, del que hablaba Carleton Beals hace setenta años. Por eso se zarandea a Chávez en Venezuela; cayeron Mahuad y Bucaram en Ecuador; Fujimori en Perú; y, Sánchez de Lozada en Bolivia. Y caerá Mesa. Allí vendrá el crujir de dientes. Que no se engañen los que creen equivocadamente que aquí no va a pasar nada porque nuestras masas son eunucas. Ya perdonaron setenta veces siete. Ahora vienen con la espada y no la paz.

Pero, veamos lo que está pasando hoy. En Bolivia se habla de la República del Kollasuyo y el pueblo boliviano de Ayo-Ayo ha creado su aparato de justicia y su propia policía. Santa Cruz quiere emanciparse de la Bolivia andina. El Ministro de Defensa argentino, José Pampero, advierte una eventual balcanización del Alto Perú. Es evidente que esa crisis se precipitará y contagiará al Perú Aymara y Quechua. Sobre todo cuando el Presidente Mesa fracase en su utópica pretensión legítima de salida al Pacifico. Eso sacudirá al Perú y contribuirá a acelerar las condiciones revolucionarias que se acuñan en nuestra infraestructura en medio de la impavidez e indolencia de la mazorca política electorera.

 VI

¿Qué hacer?, ¿cómo salvar la situación? Hablaré del debe-ser: convocar inmediatamente a una Asamblea Constituyente plenipotenciaria para que expida una nueva ley de leyes y despresidencialice la presidencia de la república, como quería Haya. Esa asamblea representará a las nuevas mayorías nacionales ya que el congreso actual es un parlamento-patíbulo que no representa al país, que es incapaz de interpelar y hasta de elegir un Defensor del Pueblo. Las constituciones se vuelven hojas de papel –como decía Ferdinand de Lasalle- cuando están contra los factores reales de poder. Hay que acabar con el cesarismo burocrático. Hacer énfasis en el parlamentarismo pero bicameral para evitar una tiranía peor  que la de un individuo como es la de un ente colectivo irresponsable. Salir de la nefasta experiencia unicameral que ya dio históricamente sus frutos nefastos. En 1823 se autosuspendieron y le entregaron el poder a Bolívar. En 1932 desaforaron a la minoría aprista y  se autodisolvieron luego de entregarle plenos poderes a Benavides, cuyo mandato prorrogaron. Entre 1993-2005 gobernaron en su versión fujimorista y antifujimorista dictatorialmente.

Los izquierdistas de hace cuarenta años decían que se puede hacer una revolución con el ejército o sin el ejército pero nunca contra el ejército. Pues bien, las masas de hoy, con la neutralidad de las fuerzas armadas, salen de su subterráneo histórico para transfigurar al Perú. Estamos ante una revolución social agnóstica, sin credo político, sin catecismo, sin slogans contra el imperialismo o por la reforma agraria. Solo son multitudes reivindicacionistas que desprecian a los policías torturadores, a los fiscales-gestapo, a los jueces prevaricadores, a los cobradores de impuestos; a todo lo que sea expresión del Estado valetudinario. Entendamos ésto para salvar la democracia.

VII

No queda más remedio (si los partidos claudican; si las izquierdas se han infestado de los vicios políticos de las oligarquías y de perecidos partidos arcaicos) que recurrir al Frente Hayista de Liberación Nacional que reclute desde el APRA, a sectores patrióticos de las FF.AA., a los discípulos de José Carlos Mariatégui (compañero de Haya en la protohistoria del APRA), a etnocaceristas, Patria Roja, organizaciones proscritas, la Derrama, CGTP, CTP, las Iglesias Católica y Cristiana, etc., tras oriflamas de regeneración moral y de reconstrucción social que arquitecture los cimientos de un unionista Estado de trabajadores manuales e intelectuales sobre las viejas fronteras, de Ecuador al norte y Bolivia al sur. De lo contrario aferrados a viejos cánones viviremos sin libertades, sin Derechos Humanos, sin puentes, sin hospitales, sin postas médicas, sin colegios, sin fábricas, sin capitales, sin inversión. Tenemos que ir a una democracia funcionalizada, con un Parlamento elegido por el pueblo en el que estén presentes las fuerzas vivas del Perú, la inteligencia, el capital nacional y foráneo y el trabajo. Eso no lo ven los cholo-boy sirvientes del imperialismo a lo Shylock, el capitalista extorsionador que cobra con la propia carne del deudor. Por eso debemos apelar al Haya joven que tuvo la gran intuición del Perú y de Indoamérica actuales. Se adelantó ochenta años. Ese Haya es el del “Antiimperialismo y el APRA”, el del discurso de la Plaza de Acho, el prisionero de la penitenciaría sanchecerrista, el de las catacumbas antifeudales, el del Asilo-Prisión Diplomática (1949-1953). Él hizo don de su persona a la patria continental. Lo necesitamos nuevamente en la hora de la lucha final.

Lima, 22 de febrero de 2005.


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