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El poder de la prensa
Por: Juan Orlando Orrego Sevilla.
Desde Estados Unidos
La
ocasión es, sin duda, propicia para meditar, dado los acontecimientos sociales
del Perú. En tal sentido,
¿Cuántas veces
hemos oído que la prensa es el cuarto poder? La tradición popular, literaria e
incluso la cinematográfica nos han trasladado que la información es un poder muy
importante.
Para responder a
esta pregunta, comencemos por distinguir entre el poder de la prensa y la prensa
del poder. La prensa ha luchado desde sus orígenes por la libertad de expresión
con éxito resonante en el mundo civilizado; no se concibe la sociedad moderna
sin libertad de prensa.
La prensa (radio,
visual o escrita) debe cumplir tres reglas básicas: contarnos todo lo que ocurre
en nuestro mundo (informar); ayudarnos a adquirir conocimiento interpretando esa
realidad a la par que nos la cuentan (formar); y hacerlo de forma amena
(entretener). Además, la relación mediadora que realiza la prensa (como el resto
de los medios de comunicación) entre la sociedad y los lectores, nos permite
entender todo lo que ocurre, llevar a cabo una mejor adaptación a nuestro
entorno e incluso modificarlo.
Pero cotejar este
accionar en el Perú, nos damos cuenta que la misión periodística de la nación
inca, ha ido en claro proceso de retroceso. La prensa peruana y especial esa
aquella que se autodenomino prensa chicha (diarios populares) no ha realiza una
actividad descriptiva (qué ha pasado; el acontecimiento) y otra de análisis o
evaluativo (qué significa eso que ha ocurrido).
Esta degeneración
de las virtud de la actividad periodística le a hecho mucho daño a nuestro
pueblo - nación y ese papel mediatizado de la prensa peruana estos últimos años
influyó
y sigue enseñando de manera equivocada, cuál debe ser el comportamiento más
adecuado en sociedad: qué necesitas comprar, a quién debes votar en unas
elecciones, a dónde puedes ir de vacaciones, porqué estás, o no, tan feliz,
cuándo vas a ver a tu grupo de música favorito, cuánta suerte tienes por... como
ves, los medios pueden influir mucho en tu opinión, en tu forma de actuar, de
comportarte, etc.
Es allí, donde se
hace cierta esa premisa, que dice: que cuantos más lectores tenga un medio, más
poder tiene éste para influir en la opinión pública. El caso es que en nuestros
días, esos consumidores de prensa se han convertido en un objeto de deseo. Los
periódicos necesitan lectores para ofrecerlos a los anunciantes y de esta forma
captar recursos publicitarios. A su vez, los diferentes intereses políticos y
económicos de un sistema social repercuten en los contenidos que se trasladan a
esos públicos lectores.
Por lo tanto,
muchos profesionales de prensa peruana han mentido para dar un salto
cuantitativo durante el último cuarto del siglo XX. El poder de la prensa en el
Perú, mediante la influencia que ejerce en la sociedad, se ve reflejado en la
historia del periodismo a través de diarios que, por ejemplo, se dice que han
puesto o han quitado presidentes del gobierno. Por
eso, no cabe duda que hay que adjudicar al periodismo peruano y en especial a la
prensa chicha un gran porcentaje de la responsabilidad de la quiebra moral en la
que nada tiene valor, todo tiene precio. Y, huelga decir, cada día vemos como se
maltrata la lengua de Cervantes, donde los eslóganes han sustituido a las ideas,
los intereses a los ideales, el "qué" al "quién" y el "tener" al "ser". Pero, si
bien el periodismo peruano es del ultimo cuarto del siglo XX, es responsable de
la quiebra de la escala de valores que nos aflige, también tiene que asumir el
deber de luchar para restablecerla.
Así como se luchó
con ahínco por la libertad de prensa durante tantos lustros, luchemos ahora para
rescatar su misión cómo faro orientador de las corrientes sociales que trazan
los surcos profundos de la historia.
Dentro de la
prodigiosa revolución de la ciencia y de la técnica a que asistimos, debo
rescatar la visión de espacio, tiempo histórico del Antenor Orrego, porque el
hombre se está acercando a un nuevo humanismo porque necesita hallar la
respuesta a las grandes preguntas que lo atormentan.
Por tal sentido,
el periodismo peruano, indoamericano y mundial tendrá que estar al servicio de
ese nuevo humanismo sin el agobio de la epistemología desvelada por el acceso a
la verdad, pero con la decisión de subordinarse a las disciplinas normativas que
lo habiliten como intérprete de cada día, para afrontar las complejidades del
mundo contemporáneo.
Para estar a la
altura de su responsabilidad, el periodista y en especial de los que ejercen
esta profesión en el Perú, necesitarán tener el rigor de un científico y la
pasión de un predicador
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