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Año 6.1- Edición Digital Nº 58

 

Christian Vallejo

 

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El crimen de un sindicalista: Luis Negreiros Vega

 Por Christian Vallejo, publicado por el Diario La República de Lima

 

Lucho Negreiros Vega era un hombre ancho, fuerte, orejón y jovial. Militaba en el Apra desde el inicio del partido. Quizá esa tarde del 23 de marzo de 1950 recordaba cuando ingresó como motorista de la compañía de tranvías eléctricos en momentos en que se dirigía a una reunión clandestina de trabajadores. Reía quizá porque entre él y otros líderes sindicales se las ingeniaban para convertir el tranvía eléctrico en un auto privado para las andanzas políticas de los apachurrantes años 50. Se sabía seguido por los "soplones" de Alejandro Sparza Zañartu, la eminencia gris de la dictadura. Negreiros era valiente y trejo y hombre de revólver. Se palpó la cintura armada. "A mí me agarran muerto", dijo cuando se convirtió en secretario de la Confederación de Trabajadores del Perú (CTP).

El Perú vivía la dictadura del general Manuel Apolinario Odría. Le había dado el golpe de Estado a don José Luis Bustamante y Rivero y había concluido abruptamente con el "periodo legalista", una de las pocas democracias que ha vivido el Perú. El Apra y el Partido Comunista habían sido puestos fuera de la legalidad por la Ley de Seguridad Interior.

Negreiros, como joven revolucionario de los 50, era impaciente, inquieto y quería más acción. No todos los que conducían el Comando Nacional de Acción salían a combatir como él a la tiranía. En realidad, Negreiros era de los pocos que salía en las noches a realizar contactos con los compañeros.

LA TRAICION

Quizá Lucho recordaba el día del golpe esa tarde del 23 de marzo de 1950. Ese 3 de octubre de 1948, las fuerzas policiales se desplazaron hacia Ricardo Palma, residencia de Víctor Raúl Haya de la Torre, jefe del partido, pero no lo encontraron. Se inició un proceso contra los miembros del Comité Ejecutivo Nacional y contra líderes. Negreiros se enteró y los hizo buscar con la compañera Isabel Castillo, a quien llamaban "Catalina Huanca", por su devoción, desprendimiento y arrojo. Ella, en los momentos más dramáticos, había alojado en su domicilio a Lucho, a quien lo buscaba la policía, pues era uno de los tres secretarios generales que el jefe del partido nombró antes de que lo obligaran a asilarse en la Embajada de Colombia.

Llegó a la esquina de 28 de Julio y Petit Thouars, donde era la cita subterránea. Apenas tuvo tiempo de comprender la magnitud de la traición. No bien puso el pie en tierra descendiendo del automóvil que lo conducía secretamente, rompió el fuego una metralleta. Negreiros cayó con la cabeza y cuellos acribillados a balazos.

 "Ha caído para no levantarse más"

La policía de la época no investigó el crimen de Luis Negreiros Vega. La noticia corrió como un reguero de pólvora entre los apristas y otros presos políticos. "Ha caído para no levantarse más, Luis Negreiros Vega", leyeron en el diario "Ultima Hora". Se les estrujó el corazón. Se indignaron. El desfile en la Casa del Pueblo de Alfonso Ugarte comenzó a la medianoche.

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