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Año 6.1- Edición Digital Nº 58

 

Eduardo Bueno León

 

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El regreso de la memoria histórica

 ¿Y si De la Puente hubiese permanecido en el APRA...?

Eduardo Bueno León* 

En la lista a circulado un escrito apologético sobre Luis de la Puente Uceda. Al respecto cualquier evaluación pasa por el significado actual del ex miembro del APRA y comandante de las guerrillas campesinas de los años sesenta.

En primer lugar, en el partido no se ha valorado la acción política de Luis de la Puente (como tampoco se hizo con los marineros, los efectivos del ejército y militantes que se alzaron en 1948 contra la opinión de Haya de la Torre y los líderes de la época ). Y esto no es gratuíto. Los errores políticos deben ser transformados en ocasiones perdidas, traiciones a la figura del jefe, o proyecto del partido. Cuando enfrentemos el pasado político -militar del APRA, que en última instancia era expresión de su vocación revolucionaria, muchos mitos se derrumbarán.

En segundo lugar, las guerrillas de los años sesenta son una respuesta a la postergada reforma agraria, al desencanto con la coalición Apra-Uno, a la frustración del populismo liberal de Belaunde, a la acumulación de inequidades tras los problemas del desarrollismo y su industrialización dependiente. El nuevo mito político revolucionario que expresó la revolución cubana puso en marcha estas tendencias militaristas, que buscaban su articulación con las movilizaciones de masas campesinas.

En tercer lugar, Luis de la Puente efectivamente era un hombre honesto y consecuente en sus ideas. Un combatiente político-universitario contra la dictadura de Odría, un hombre del aprismo liberteño y trujillano que revindicaba el Antimperialismo y el Apra. De la Puente fue un opositor de la convivencia con el Pradismo a partir de 1956, e impulsor de una corriente crítica contra Ramiro Prialé que dirigía al partido en esa época. De alguna manera, las ideas aurorales de la etapa inicial del marxismo-indoamericano no sólo eran inviables bajo el pradismo, cuando el partido se pragmatiza y busca conciliar con la oligarquía agraria-minero exportadora, sinó que invocarlas era evidenciar la derechización de la dirección partidaria.

Sin embargo, y aquí también los límites del planteamiento de Luis de la Puente, la lectura que hace de la situación política el futuro comandante guerrillero, es una lectura distorsionada por la pasión y la impaciencia revolucionaria. La convivencia buscaba darle gobernabilidad al sistema político peruano, darle un respiro a las bases del aprismo que salían de una etapa de persecución bajo el Odriísmo, el partido necesitaba promocionar una nueva generación de liderazgos sociales frente al aluvión belaundista y en pleno proceso de migración y urbanización. La élite dirigente aprista estaba conflictuada e incluso dividida. En Montevideo en 1956, se realizó un encuentro entre Víctor Raúl, Manuel Seoane, Luis Alberto Sanchez y otros líderes. La actitud de Manuel Seoane fue de abierta crítica a la conducción del partido, algo que dolió profundamente a Víctor Raúl ( Ver tomo III de memorias LAS, Primera Edición ). Manolo Seoane además estaba entusiasmado con el peronismo, en tanto que Víctor Raúl y LAS lo criticaban.

En cuarto lugar, la convención de 1958 fue el punto cenil de este proceso de doble sentido. Por un lado, la izquierda aprista que revindicaba la revolución y las tesis primigenias, que cuestionaba la convivencia con el pradismo y miraba ilusionada el derrumbe de Batista en Cuba por la revolución armada del movimiento 26 de julio liderado por Fidel Castro. Luis de la Puente y la tendencia que lo seguía reclamaba la democratización interna, el fin del dirigismo, el ejercicio de la autocrítica, la apertura de espacios políticos dentro de la organización. Por otro lado, la dirección del partido se reunificaba con el discurso de Manuel Seoane sobre las obras apristas y su apoyo al liderazgo de Víctor Raúl, Ramiro Prialé era aclamado por su lealtad institucional y su muñeca política con el régimen. Y la generación de Villanueva, Townsend, Luis Felipe de las Casas emergía con fuerza presta a respaldar la convivencia como un paso necesario e inevitable, oponiéndose a Luis de la Puente y sus compañeros.

La dialéctica entre la vocación revolucionaria del partido y las necesidades de la política de coyuntura, la contradicción entre el respaldo a instituciones políticas de cuño democrático-liberal y las propuestas del partido que implicaban la superación de dichas instituciones, el reclamo de quienes habían luchado contra el Odriísmo y veían como bajo la convivencia se desdibujaban las antiguas banderas, de quienes pelearon en los barrios y sindicatos para verse después en la disyuntiva de alinearse con la política oficial o verse desplazados. Es la eterna contradicción de un partido de convocatoria crítica y revolucionaria, pero con una orientación pragmática. Es la contradicción entre revolución y política, entre ideología y posibilismo. Esta contradicción se vuelve a reproducir en la historia del APRA de manera persistente.

En quinto lugar, En la convención del 58 Luis de la Puente y sus compañeros fueron expulsados del partido. El c. Armando Villanueva sustentó la moción de expulsión. Crítica y revindicación auroral era igual a infiltración comunista. Surge el Apra Rebelde, como grupo disidente con un periódico y con intentos de construcción de una organización nacional. Javier Valle Riestra fue uno de los principales animadores, pero mientras De la Puente se orientaba hacia un proyecto insurgente, sobre todo después del veto a Haya de la Torre y el golpe de estado del 62, Valle Riestra solicitaría la amnistía de Víctor Raúl.

¿Que hubiese pasado si haciendo un ejercicio de ucronía Luis de la Puente hubiese permanecido en el partido? ¿ Como hubiese sido la historia del APRA si Lobatón, Chang ( el compañero del Che en Bolivia ), los dirigentes universitarios y sociales apristas que se fueron a la guerrilla hubiesen logrado constituirse en tendencia dentro del PAP ? ¿Era posible en el contexto de los años sesenta?

Hilda Gadea la primera esposa peruana del Ché Guevara, que conoció a los revolucionarios cubanos en Guatemala y México, que tuvo con el Ché una hija (Hilda Guevara quién murió de cáncer hace pocos años y a quién el Ché le dedicó una carta antes de partir a su martirologio boliviano, auténtico testimonio de amor filial y responsabilidad revolucionaria que gentes como Jorge Castañeda actual canciller mexicano autor de "El Che, la vida en rojo", jamás podrán entender) y que regresó al Perú y a su partido, el APRA para asumir al poco tiempo la Secretaría Nacional de Estadística, no se embarcó en la aventura del APRA rebelde ni en el proyecto insurgente.

¿Quien tuvo razón histórica finalmente, Hilda Gadea o Luis de la Puente?. ¿La lealtad institucional o la impaciencia revolucionaria?

En sexto lugar, era muy dificil constituir tendencias en el APRA durante los años sesenta. La salida del Casismo del partido es claro ejemplo de la intransigencia con los sectores críticos. La figura del Jefe era intocable. Los sectores críticos no podían escapar a la colisión inevitable con la figura del líder y fundador del partido cuya autoridad, sustentada en los años de persecución y exilio, no era contestada. De la Puente y sus compañeros no tenían viabilidad en el proyecto del partido bajo la convivencia y después bajo la coalición con el odriísmo. Tuvieron el derecho legítimo de abrir otros proyectos.

Sin embargo, al perder el partido a su sector de izquierda, se sembraron las bases para el surgimiento después, en los años setenta de grupos y organizaciones marxistas-leninistas que al confluir con los sectores sociales movilizados por el Velasquismo dieron lugar a Izquierda Unida a comienzos de los años ochenta. Vale decir, no retener a la izquierda aprista le costó al partido el cierre de toda posibilidad de reproducción social en el mundo campesino y urbano popular. Sólo se mantuvo lo que se logró conseguir y crear entre los años cincuenta y primeros años sesenta.

Algunas Conclusiones:

1.- La izquierda aprista se basaba en el Antimperialismo y el APRA y fijaba su horizonte en una forma de socialismo cooperativista y la integración y solidaridad latinoamericana como sus objetivos históricos.

2.- La impaciencia revolucionaria demostró su inviabilidad en el contexto de un pragmatismo y un posibilismo que llevó al APRA a posiciones centristas y de alianza con la derecha parlamentaria en los sesenta.

3.- La figura del jefe del partido bloqueaba la posibilidad de construcción de tendencias críticas.

4.- Fuera del partido las tendencias críticas asumieron proyectos diferentes e hicieron alianza con el antiaprismo de izquierda.

5.- La dialéctica entre vocación revolucionaria y el juego de la política pragmática no tuvo en el partido formas de expresión institucional ( las tendencias orgánicas ), y ello perjudicó a largo plazo al partido.

Finalmente, si alguna lección sacamos de lo anterior y si tomamos en cuenta que la memoria es" la activación de huellas de experiencias pasadas al servicio de acciones actuales" (...) "donde las memorias no son fijas, sinó recreaciones del pasado que nos producen un sentido de continuidad, un sentimiento de ser una entidad con pasado y con futuro" (Memoria Colectiva e Identidad Nacional. Alberto Rosa, Guglielmo Belleli y David Bakhurst Editores. Edit. Biblioteca Nueva. Madrid. Año 2000, pp 44-45 ), entonces podemos señalar que recordar a Luis de la Puente no es malo ni debe generar alarma, al contrario es importante la valoración histórica de la memoria política del partido, para desde el presente proponer que si no deseamos disidencias desde la izquierda aprista, que empobrecerían al partido, es necesario en el actual proceso de modernización, plantear una vez más la organización de tendencias institucionales. El partido y la historia del mismo ganarán con ello.

 

* Eduardo Bueno León
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