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Andrés
Townsend Ezcurra o la disidencia agónica
Por Eduardo Bueno León
El
gobierno regional de La Libertad presidido por el Aprismo norteño en la persona
de Homero Burgos, ha realizado un homenaje y condecorado pos mortem a quien
fuera, uno de los líderes históricos del Partido Aprista Peruano, Don Andrés
Townsend Escurra. Conocida es su disidencia en los años ochenta y el ostracismo
político que padeció hasta el día de su muerte, por ello el homenaje, pese a su
discreción, puede ser interpretado también, como una reivindicación histórica,
en gesto de extraordinario sentido político, tanto para el APRA como para la
política peruana.
EN LA FE
PERO NO EN LA IGLESIA
Don Andrés nació el 23 de marzo
de 1915 y murió el 31 de julio de 1994, fueron casi cincuenta años de intenso
trabajo intelectual y político en el partido aprista bajo la fecunda sombra de
los líderes fundadores: Haya de la Torre y Manuel Seoane.
Townsend era descendiente de
inmigrantes irlandeses que viajaron a las Américas huyendo de la célebre
hambruna de 1842, uno de los cuales se asentaría en el norte peruano. Siendo muy
joven perdió a sus familiares más cercanos, y casi adolescente se inscribió en
el naciente partido aprista, militancia por la cual fue deportado en 1935 a
Chile, trasladándose posteriormente a la Argentina, donde concluirá sus
estudios. En 1945 regresará al Perú y dirigirá La Tribuna, el épico diario
aprista que tanto aportó al debate de las ideas y la construcción de la
democracia peruana.
En 1948 con el golpe de estado
del Gral Odría, partirá nuevamente al exilio hacia Panamá y posteriormente a
Guatemala donde se dedicará al periodismo y la docencia
universitaria. Formará parte de los jóvenes apristas que se mantendrán firmes al
lado de Haya de la Torre, cuando comenzaron las voces disidentes tras el fracaso
de 1948.
En 1956 comenzará su labor
diplomática en las Naciones Unidas, donde participará en el debate y redacción
del Pacto de Derechos Sociales, Económicos y Culturales logrando la inclusión
del Derecho de Huelga, que será la base de futuros convenios internacionales
principalmente de la OIT.
El 1960 ya bordeando los
cincuenta años contrae matrimonio con Anel Távara Diez-Canseco, la compañera de
su vida y activa militante del Partido Aprista. Es elegido diputado por
Lambayeque y en 1964 organizará, la que tal vez sea la obra de su vida política,
el Parlamento Latinoamericano del cual será Secretario General reelecto hasta su
retiro en 1991.
En 1968 al producirse el golpe de
estado del Gral Velasco, Townsend Ezcurra entonces Presidente de la Cámara de
Diputados, se asila en una embajada extranjera. Este gesto le será duramente
reprochado por sus detractores que tratarán de contraponer su búsqueda de asilo,
a la imagen de un Armando Villanueva del Campo protestando en las calles contra
el golpismo.
En los años setenta presidirá la
escuela de formación política de la Fundación Ebert en Costa Rica, retornando al
Perú tras breve estadía y asumiendo posiciones de dirección política al lado de
Haya de la Torre. Integrará la Asamblea Constituyente, donde aportará de forma
sustantiva en la formulación de la Constitución de 1979. También redactará el
discurso inaugural de Haya de la Torre.
Tras la muerte del fundador del
APRA, su enfrentamiento con Armando Villanueva devendrá en una abierta
disidencia al formar el MBH e integrarse a la alianza Convergencia Democrática
para participar en las elecciones de 1985. Electo Senador concluirá su labor en
1990. Se realizaron múltiples ofrecimientos y gestiones, pero no podrá regresar
al partido aprista pese a ser un sólido aliado del PAP en el Senado de la
República.
En 1991 pasará a presidir el
Consejo Consultivo del PARLATINO y comenzará su última gran batalla contra la
enfermedad que le ocasionará la muerte el 31 de julio de 1994.
Townsend publicó varios libros
destacando el extraordinario “Bolívar Alfarero de Repúblicas”, además de
“Patria Grande: Pueblo, Parlamento e Integración” y,
la compilación de “Cincuenta años de Aprismo”. De este último libro tenemos la
mejor definición de su trayectoria al final de su vida: “ Aprista convicto,
Hayista militante, en la fe pero no en la iglesia “
SU APORTE AL APRA
Como todos los integrantes de la
generación de la FAJ, el aporte de Townsend fue teórico y práctico, fue creativo
y de entrega militante. Esa generación de la cual formaron parte Nicanor Mujica,
Luis Felipe de las Casas y Armando Villanueva del Campo, ya sea desde la cárcel,
el exilio o la resistencia interna, mantuvo vivo al partido, organizándolo,
reproduciéndolo y dándole un prestigio internacional, que es fácil constatar en
las publicaciones del continente en el período que va desde los años treinta
hasta los años cincuenta.
Townsend aportó al APRA su
talante polémico, fina inteligencia y privilegiada pluma. Los debates desde el
diario La Tribuna con la reacción derechista durante el gobierno de Bustamante y
luego sus polémicas contra los liberales ultramontanos en los años cincuenta,
así como su sólida y dura posición de intransigencia contra los áulicos y
epígonos del comunismo criollo e internacional, se cuentan entre sus aportes más
notables. Mucha de esa obra periodística de combate por las ideas apristas está
diseminada en diarios y revistas del Perú y del continente, siendo la Tribuna la
trinchera principal.
Es notable también su
contribución para una visión actualizada y de concreción histórica de los
postulados apristas integracionistas. Impulsar el Parlamento Latinoamericano y
mantenerlo cuando la región se hundía en regímenes dictatoriales es uno de sus
logros institucionales más reconocidos, brega que se prolongará incluso hasta
1987 cuando consigue que el Parlatino se institucionalice en 18 países de la
región. Otra vertiente menos conocida es su aporte en la formación de cuadros
juveniles de izquierda democrática desde Costa Rica, y sus innumerables
gestiones para que los postulados de la Democracia Social y Económica fueran
reconocidos en convenios y tratados regionales.
Su aporte intelectual y académico
puede resumirse en los libros y ensayos sobre la integración latinoamericana,
destacando la perspectiva histórica, ideológica y jurídica, en tanto que el
Partido Aprista se benefició con la preparación y redacción de sus finos,
dialécticos y oportunos pronunciamientos y declaraciones durante la época de la
dictadura militar de Velasco y Morales Bermúdez. Documentos que eran discutidos
en la Comisión Política o en el Secretariado Colegiado, y que eran avalados por
Haya de la Torre.
Su aporte ideológico radica en
haber defendido una línea de interpretación global del pensamiento de Haya de la
Torre y no sólo la doctrina que fluye de un solo libro. El haber tratado
permanentemente de vincular las ideas fuerza del pensamiento Hayista, a los
cambios en los escenarios mundiales. Defendió una línea democrática
anticomunista intransigente, pero no macartista, y postuló acuerdos amplios con
las fuerzas políticas democráticas sin abdicar de la línea antiimperialista y
antioligárquica, aunque siguiendo el consejo que Tierno Galván daba a los
izquierdistas de su época: “ Cualquier reclamo por más radical que sea, hacerlo,
pero con buenas maneras “.
Sin embargo, su mayor y mejor
aporte, desde nuestro punto de vista, es la ética pública que siempre lo
impulsó, su lucha contra la corrupción política, su limpieza y transparencia
como el brillo de sus grandes ojos claros. Luego de toda la corrupción que
sufrió el Perú con Montesinos y sus vladivideos, la herencia de Townsend
Ezcurra, más allá de sus errores estratégicos, descansa cada vez más en su
limpieza moral. No nos sorprenda entonces, la soledad y ostracismo interno de
sus últimos y penosos años. El Perú no es un país que reconozca a sus hombres
más preclaros.
DISIDENTE SI, TRAIDOR NO
Townsend no fue un traidor del
APRA como sus detractores se encargan de repetir cada vez que pueden. Fue un
disidente, expulsado ilegalmente por discrepar con una línea política y
dirigencial que consideraba espuria, denunció lo que tenía que denunciar y trató
infructuosamente de organizar un movimiento político amplio donde sus seguidores
y adherentes pudieran expresarse y militar. No tuvo éxito en esta empresa y ello
lo terminó aislando aún más del APRA.
Si la disidencia fuera traición
entonces Luis Felipe de las Casas también hubiese sido traidor pero no lo fue,
tampoco los miembros del APRA Rebelde, por más que después se volvieran duros
críticos ideológicos de Haya de la Torre. También serían traidores los apristas
que se fueron a trabajar al SINAMOS velasquista, el órgano que trató de
desarticular al APRA de sus bases sociales y muchos de ellos regresaron y nadie
los llamó traidores.
La historia del APRA es muy
compleja y el adjetivo de traición cabe más cuando el partido sufre
persecuciones y algunos de sus miembros se convierten en delatores, en
operadores del enemigo, en soplones que se venden y rematan, en actores que
terminan conspirando contra el partido y hacen leña de la estructura caída. La
etapa Fujimorista es pródiga en ejemplos, así como lo fue la etapa odriísta y la
velasquista. Los traidores son aquellos que justificaron las persecuciones y
avalaron las campañas difamatorias contra el partido y sus fundadores. Don
Andrés nada tiene que ver con eso.
Discrepar con una línea política,
con un planteamiento ideológico, una estrategia partidaria, o con un grupo
dirigencial no tiene por que ser traición, es el sano ejercicio de la diferencia
democrática, cuando esta evoluciona a ruptura es entonces disidencia abierta. Y
la disidencia es un derecho político.
Townsend denunció
irregularidades, inequidades y maquinazos en su contra durante los procesos
electivos internos del PAP posteriores a la muerte de Haya de la Torre. Su
confrontación abierta fue contra el “ Armandismo “ y Fernando León de Vivero,
electo Secretario General en el cismático congreso nacional de Trujillo de 1980.
Se formaron grupos mutuamente excluyentes y ganó el que tenía más fuerza
interna, pero con una lógica de suma cero, que echó de forma autoritaria y
violenta al andresismo del partido, y cerró todas las puertas para una
reconciliación partidaria necesaria.
Parafraseando a Luis Alberto
Sanchez, cuando se refiere a estos episodios en sus memorias, “ Aquí peleamos
todos, todos fuimos responsables y todos perdimos “.
SUS INCOMPRENSIBLES ERRORES
Townsend cometió grandes errores
políticos estratégicos y de interpretación sociológica durante los años ochenta.
Sin Haya de la Torre y sin el apoyo de sus compañeros de generación, era
evidente su desorientación frente a la crisis interna del partido, la presión
inter-generacional y la irrupción en la sociedad peruana de los movimientos
sociales y el crecimiento de la izquierda.
Algunos han interpretado
injustamente, esa desorientación, con una suerte de ingenuidad y de “no jugar a
la política” por parte de Don Andrés, como si la política fuese sólo
machiavelismo y pragmatismo frente a los poderes de turno. Y aquí se presenta un
problema moral y político, pues la conducta de un líder puede y debe ser juzgada
por sus resultados, como dirían los ingleses o desde el ejercicio de la ética de
la responsabilidad o de los principios para citar a Weber. Defender principios
implica un esfuerzo, talante y sacrificio que muy pocos alcanzan. Pero no
siempre la defensa de los principios por si sola, basta para mantener una línea
política. También hay que sopesar los medios y los recursos, tanto materiales
como humanos.
¿ Por qué entonces Townsend que
defendió principios éticos y políticos en la coyuntura crítica de 1979-80 perdió
tantos espacios en el APRA que terminarían minando su posición hasta caer en la
disidencia abierta? La defensa de la Democracia Interna, la legalidad y la
equidad en los procesos electorales internos, la defensa de la fraternidad como
cultura política del aprismo, todo ello se perdió en una polarización que
Townsend coadyuvó a generar y alimentar, sin percatarse que una polarización sin
control del aparato partidario era suicida. ¿ Que lo empujó a caer en esa lógica
hábilmente preparada por la burocracia ocasionalmente pro armandista y sus
operadores?.
La visión que tenía Townsend del
partido, era una visión casi religiosa, creada en la lucha, la clandestinidad y
el exilio. No concebía un partido que comenzaba a corromperse o lumpenizarse, un
partido que de repente ajustaba cuentas y lo encasillaba en una línea de
derechas por la convivencia con el pradismo y la coalición con el odriísmo, como
si él hubiese sido el responsable de unos acuerdos que construyó Ramiro Prialé y
que contaron con el pleno respaldo de Haya de la Torre.
Durante la transición de la
dictadura al régimen democrático, ninguna decisión política se tomó, como en
otras épocas, sin la autorización de Haya de la Torre, quién alentó la
transición y la reconciliación con los militares. De esa época data el
abstencionismo de la CTP frente a los grandes paros nacionales, algo que el
oportunismo de izquierda en el APRA achacó a Julio Cruzado, cuando era notorio
que aquello era directiva de la jefatura del partido.
Además ¿Cómo aceptar que Armando
Villanueva era la línea de izquierda, si este gran líder del APRA fue un
eficiente operador de la coalición con el Odriísmo en el parlamento y
sustentador de la moción de expulsión de la pro castrista APRA Rebelde en la
convención del 58 ? ¿ Que principios defendía entonces Don Andrés? ¿ Los éticos,
de la limpieza partidaria, mientras Armando canalizaba la reivindicación de otro
tipo de principios, los que le devolvían al APRA su ubicación de izquierda
primigenia?.
Ello no lo entendió Townsend y
fue su más garrafal error.
En ese sentido Don Andrés fue
víctima de su propia visión irreal de un partido que tras la muerte de Haya de
la Torre buscaba redefinir sus espacios e identidades, y que con tal de lograrlo
era capaz de destruir todo aquello en lo cual Townsend se había formado, creído
y defendido. Su visión mística de un APRA fraterna fue otro de sus principales
errores de apreciación. Pero Don Andrés no aceptaba semejante disyuntiva, para
él lo mejor del aprismo no estaba entonces en el partido, sino
en el pueblo aprista y hacía el se dirigió demandando comprensión y apoyo.
Pero no contó con el surgimiento
y proyección nacional de Alan García. Y ahí otro de sus errores, subvalorar el
pujante liderazgo de Alan y su capacidad para crear alianzas generacionales
mayores. Townsend y su generación entendieron muy tarde que Alan García, el gran
operador de la polarización interna de 1980, los estaba cancelando como grupo
dirigente con un proyecto político que sintonizaba mejor con las expectativas
nacionales que las visiones irredentas de Armando y Andrés.
Y Armando no comprendió, que sin
Townsend su proyecto y liderazgo en el APRA, quedaba reducido al güetto y a
merced de un alanismo triunfante y avasallador.
Aquí el factor del equipo que
rodeaba a Townsend es de resaltar. Algunos miembros de su familia como Francisco
Diez Canseco y colaboradores cercanos se cerraron en un antialanismo
intrasingente, basados en la creencia que la candidatura presidencial de Don
Andrés en 1979 fue impedida merced a un enorme y apabullante fraude en contra
suya, y que Alan tuvo mucho que ver con esa moustrosidad que hirió de muerte al
partido.
Aunque existían contundentes
elementos, que en esa coyuntura confirmaban, la inequidad e ilegalidad de
algunos de los procedimientos electorales a favor de Armando Villanueva, lo
cierto es que el llamado “Armandismo” fue una fuerza interna con capacidad
hegemónica creciente. Y lo más probable es que Armando haya sido ajeno a esas
maniobras, en las cuales se enfrascaron diversos grupos burocráticos internos.
El antialanismo obnubiló a Don
Andrés y su familia. Si el partido se orientó al liderazgo de Alan García, eso
no fue apreciado como un posicionamiento carismático renovador y una demanda
generacional, sino como la consecuencia de un
secuestro partidario ilegal. De ello se aprovecharían algunos que rodeaban a Don
Andrés y que luego fueron elegidos diputados en Convergencia Democrática, para
presionar a favor de la formación del Movimiento de Bases Hayistas.
LIDER GRANDE, PARTIDO PEQUEÑO
El MBH fue una pequeña
organización donde se integraron cuadros y militantes apristas que de una u otra
manera había sido víctimas de la aplanadora burocrática interna. Sin embargo, la
mayoría de los apristas que se opusieron a la gestión de León de Vivero y a la
hegemonía armandista, no acompañaron a Townsend en esa aventura. La mayoría con
perfil bajo, se reintegró paulatinamente al partido o se alejaron de la
política. En ese sentido el MBH no expresó nunca la fuerza que tuvo en algún
momento Townsend dentro del APRA, el MBH más bien fue su negación.
¿Fue inevitable la formación del
MBH? ¿Que otras opciones, salidas y escenarios alternativos tuvo Don Andrés
después del ascenso de Alan García al liderazgo del APRA?. No es un secreto que
Luis Alberto Sanchez y Ramiro Prialé trataron en diversos momentos de promover
su reingreso, pero esta iniciativa siempre chocó con la dureza y la
intransigencia de un sector burocrático integrado por dirigentes de mediano
nivel, que hicieron carrera en el escalafón interno explotando el anti
andresismo más caníbal. Algunos de esos dirigentes terminarían años después
anclados en el Fujimorismo, y en el Antiaprismo.
También en los círculos alanistas
más cerrados, un retorno de Townsend no era bien visto por las críticas y
acusaciones hechas al nuevo líder del APRA, pero sobre todo porque con la
exclusión de Townsend, el espacio partidario vinculado a las Relaciones
Exteriores quedaba abierto y despejado, presto a ser ocupado por actores
políticos venidos del velasquismo y en pleno ascenso político al interior del
partido. Es ley de la política que los espacios vacíos se llenan.
Con una endeble estructura,
sistemáticas deserciones y rupturas, con alejamientos que Townsend asumía como
traiciones personales, con nuevos personajes ajenos al aprismo, el MBH tuvo su
prueba de fuego en las elecciones municipales de 1983 y los resultados fueron
devastadores. No ganó ninguna alcaldía y en Lima no superó el 2 %. Estaba claro
que el pueblo aprista se mantenía en la iglesia y no le otorgaba a Townsend su
confianza fuera del partido. Quienes lo asesoraron para esa aventura, liquidaron
su capital político y ni siquiera lograron un espacio electoral propio. El MBH
no tuvo la suerte del MEP venezolano, disidente de AD, ni la perfomance del
Radicalismo Intransigente, otra disidencia del radicalismo histórico en
Argentina.
Con el MBH Townsend siguió un
camino desesperado de supervivencia política que lo llevaría a la alianza con el
PPC, partido limeño que se había quedado huérfano de apoyo regional ante el
camino propio seguido por Acción Popular en las elecciones de 1985. Con esa
alianza, Townsend aseguró una senaduría y tres diputados, uno de los cuales, el
Dr. Alberto Borea lo abandonaría al día siguiente sin mayores problemas de
conciencia. Esa alianza selló el viaje sin retorno de Don Andrés, que pretendió
ser usado por la derecha. Vano intento, pues en el Senado, Townsend defendió
posiciones progresistas y mantuvo una línea digna de independencia política,
convirtiéndose paradójicamente, en el apoyo estratégico de los senadores
apristas.
Su voto fue necesario para la CPA
en diversos momentos claves, como la elección de la mesa directiva para el
período 1988, cuando otro disidente antialanista del PAP, Jorge Torres Vallejo
candidateó para la presidencia del Senado con el apoyo de toda la oposición. El
APRA lanzó a Romualdo Biaggi. La coyuntura era dramática, con los problemas
derivados por la nacionalización de la banca, Biaggi salió elegido por un voto
de diferencia. Ese voto fue de Townsend. Era una cuasi comedia trágica, pues
Biaggi fue quién sustentó la moción de expulsión de Townsend del partido en
enero de 1981. Siete años después necesitaba el voto de Don Andrés para ser
Presidente del Senado y lo obtuvo.
Townsend no albergaba odios ni
rencores, al fin de cuentas discípulo de Haya de la Torre y de Manuel Seoane,
votó con decoro y gran sentido del humor. El electo Biaggi, agradeció a Townsend
en su discurso de aceptación del cargo y rectificando anteriores conductas, lo
llamó “ Mi compañero de partido ".
En sus memorias Roger Garaudy
tiene una frase inolvidable refiriéndose a su propia disidencia, “He cambiado de
comunidad, pero no de camino”, Townsend había cambiado de comunidad pero no de
camino. Y seguiría encontrándose en ese camino con el APRA.
ANTES DE CONCLUIR
Tres acotaciones finales en esta
apretada valoración de la vida política de Townsend, por lo demás insuficiente e
incompleta.
La primera, es su relación con
Armando Villanueva, la cual se deterioró tras la muerte de Haya de la Torre.
Compañeros y amigos de generación, la relación entre estos dos extraordinarios
hombres de la política democrática peruana y latinoamericana, tiene todo los
contornos de un drama Shakespereano, donde las emociones afectivas se mezclan
con las dudas, decisiones y encrucijadas en la lucha por el poder. En los
momentos más duros de su confrontación, ambos se criticaron pero jamás se
ofendieron ni calumniaron ni se difamaron. Existió un respeto tenso, pero
respeto al fin de cuentas. Toda una vida política compartida se sustentaba en
vínculos de un signo especial que sólo se reconocen en la generación fundadora
del APRA y de la FAJ.
Empero la evidente incomodidad de
Townsend en la formula presidencial de Armando en 1980 tanto como el explícito
aislamiento al que fue sometido, conspiraron entre otros factores, contra el
éxito de la campaña presidencial de ese año. Y como siempre, las intrigas de
terceros terminaron de minar y socavar esa relación, que se recompuso en algo,
años después.
Pero lo cierto es que ni Armando
ni Andrés albergaron rencores u odios eternos. Y ello hasta el final de la vida
de Townsend y lo confirma Villanueva cada vez que toca el tema.
La segunda acotación, es la
referida al diagnóstico que en los años ochenta procesó Townsend respecto a la
sociedad peruana, ella en buena medida estaba sesgada por un anticomunismo
teórico y político intransigente, que no le permitió reconocer la fuerza y
dinamismo de los nuevos actores sociales y movimientos populares que estaban
reconstruyendo el orden social y político.
En ese sentido tanto Townsend,
como Armando e incluso Alan García no podían sostener ya en los ochenta un
programa que aplicó el velasquismo en sus aspectos centrales. Sólo quedó la
demanda de Democracia, una profundización del proyecto desarrollista, un
antiimperialismo más vinculado a la soberanía estatal antes que al control de
los recursos y una prédica constante de las ideas fuerza en torno al estado, la
integración y la democracia funcional. La visión de Alan García en ese sentido
se basaba más en una lectura sociológica radical y en una heterodoxia que tuvo
su punto flaco en el voluntarismo sin actores sociales reales aliados a su
proyecto.
Armando trató de tender los
puentes con esos nuevos actores y Alan quiso comprometerlos directamente en su
gobierno, pero la hegemonía de Izquierda Unida bloqueó esos intentos. Salvo el
solitario caso de Barrantes, la izquierda era antiaprista y prefirió el
hundimiento del APRA antes que una alianza o convergencia estratégica. En ese
sentido Townsend no se equivocó, nunca esperó nada de esa izquierda y siempre
desconfió de ella, pero la pura negación no solucionaba el problema de fondo,
aunque siempre sostuvo la polémica opinión. que el APRA después de la muerte de
Haya de la Torre había perdido su carácter social articulador, es decir el Perú
se quedó sin su mejor instrumento vertebrador.
MENSAJE PARA ANEL
La tercera y final acotación, se
refiere a una reflexión personal. No sé si alguna vez el APRA
institucionalmente, y no sólo a través de uno de sus gobiernos regionales,
reivindique a Andrés Townsend Ezcurra. Frente al antialanismo que finalmente
termina convergiendo con el antiaprismo, abrir los brazos y buscar la
reconciliación con una familia que siempre fue Aprista y Hayista, sería un gesto
de grandeza, de generosidad y trascendencia moral que haría empequeñecer los
viejos reclamos y los intereses políticos mezquinos.
Es sólo una idea que devolvería
su lugar a Townsend en la historia del APRA, al igual, pero surgido de otro
contexto. Por ejemplo, Luis de la Puente Uceda, ambos disidentes que no
traidores que jamás jugaron al antiaprismo. Eso es algo que la actual Ministra
de la mujer, Anel Townsend no debe olvidar.
Además, porque un partido
reconciliado con su historia, con sus hombres más preclaros, que perdona y se
perdona, que se reconoce en sus grandes tendencias, que se reproduce sobre la
base de la fraternidad reencontrada, es un partido que aumenta su capacidad de
convocatoria, que persuade y que neutraliza los antiguos odios. Es la sabiduría
política actuando.
Saludos a todos,
México DF a 2 de agosto del 2003
EBL: jle27049@adetel.net.mx
* Eduardo Bueno León
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