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Año 6.1- Edición Digital Nº 58

 

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Globalización de la pobreza y la marginación

 

Por Rolando W. Sasso
Teólogo en III FSM, Porto Alegre

 

Montevideo, Uruguay. 18/02/03/ RECOSUR - Teólogo y sacerdote peruano, conocido mundialmente desde que en el año '68 presentó sus primeras notas sobre lo que sería la Teología de la Liberación. Es el autor (en el año '71) del libro clásico titulado con el nombre con que se conoce dicha teología y de tantos otros libros, como: "La Fuerza Histórica de los Pobres" o sobre Bartolomé de las Casas. Es uno de los fundadores -demás está decirlo- de la Teología de la Liberación a partir de su práctica como asesor de movimientos populares y universitarios. Gustavo Gutiérrez compartió con un auditorio atento -en el marco del III FSM- su testimonio de más de 40 años de caminar por la vida y con los pobres.

En primer lugar un saludo a tantos viejos amigos, como también a los nuevos de estos días y a la reserva de amigos que aún me queda por conocer. Yo quisiera decir en primer lugar que un testimonio no es algo puramente personal o individual, en todo caso las cosas más intensas que he vivido, las he vivido siempre con otras personas; naturalmente con mi entorno inmediato en mi país, el Perú, pero también con muchos amigos de América Latina y por consiguiente, si bien haré algunas alusiones a momentos personales, me gustaría más bien poner el acento en una cierta –llamémosle así- aventura colectiva tenida con muchos amigos que han enriquecido mi vida y que juntos hemos intentado hacer algunas cosas. Creo que hablar de grupos de amigos es recordar nuestra dimensión social, y quisiera tenerla muy en cuenta en estas pocas reflexiones que voy a presentar. Esta dimensión social nos hace vivir entonces en procesos sociales e históricos y para mí eso ya desde el comienzo es muy importante. La reflexión sobre la fe que hemos intentado hacer América Latina y que como Uds. saben está muy ligada a mi vida, creo que más bien viene de esos procesos sociales e históricos.

Durante mis años de estudiante universitario, estudiaba medicina, participé mucho en la vida político universitaria y con una cierta militancia cristiana, y todo eso me hizo sentir en un momento dado que era importante la reflexión sobre la fe, sobre mi propia vida y mi práctica. Eso es lo que quisiera compartir con Uds.

Dios ¿ama a los pobres?

Lo que llamamos teología y que es un hablar sobre Dios, parte históricamente de la vida cotidiana, de la práctica histórica de los cristianos y de los no cristianos. En la vida primero se reciben las preguntas y los retos que cuestionan el alcance y el sentido de la fe cristiana. La reflexión viene entonces después. Es el famoso primero vivir, luego pensar o filosofar, según la clásica expresión. Sólo insertos en la práctica se puede pensar y reflexionar teológicamente; la teología se sitúa en la intersección de la fe cristiana y del pensamiento, de la cultura, de los sentimientos, de las actitudes de las personas en un momento históricamente determinado. En tercer lugar la teología debe ser siempre una hermenéutica (*) de la esperanza, es decir una interpretación de la razón, de los motivos que tenemos para esperar algo distinto a lo que hoy vivimos. Permítanme recorrer estos 3 momentos: la vida cotidiana, la práctica, punto de partida histórico; la reflexión, ese punto de encuentro entre el mensaje cristiano y el pensamiento de un tiempo o la cultura de un momento dado; y la teología como hermenéutica de la esperanza. Esos 3 momentos serán las 3 partes de esta reflexión.

Comencemos entonces por ese punto de partida histórico que nos remite a la realidad que viven las personas, los creyentes y quienes no lo son y con quienes compartimos esa realidad. Partir de la vida plantea una pregunta que es ¿cómo hablar de Dios? Cuando digo hablar no me refiero solamente a palabras, me refiero a gestos y palabras. Es un lenguaje -para decirlo mejor- que comprende no solamente el mundo conceptual, ni tampoco únicamente términos que empleamos, sino que comprende también, este mundo que es de gestos, de actitudes, de compromisos, de solidaridad; todo ello en conjunto constituye el lenguaje.

En América Latina y en otras partes del mundo igualmente, esta pregunta se puede formular de esta manera: ¿cómo decirle al pobre, al excluido, al insignificante, al marginado, que Dios lo ama? El contenido fundamental del mensaje cristiano es el amor de Dios, la pregunta es sumamente aguda: ¿cómo decirle a aquel cuya vida cotidiana es en buena parte la negación del amor, cómo decirle a esa persona que Dios lo ama?

Ese es el punto de partida de la reflexión teológica en defensa de la fe que hemos intentado hacer en América Latina. Y además también nos plantea –es una consecuencia de la pregunta anterior- cómo decir a los que comen todos los días, a los que tienen techo y trabajo, a los que tienen medios para hacer respetar sus derechos humanos y medios también para mantener sus privilegios, que el Dios de Abraham, de Moisés, de Jesús, es un Dios que toma partido por los últimos de la historia y que la vida que llevan estas personas no es humana mientras la mayoría de la humanidad no tenga como dice un poeta peruano -César Vallejo- para expresar su vida, sino su muerte. ¿Cómo decir esas dos cosas?

O más bien ¿cómo dirigirse a estos dos grandes sectores de la humanidad? A los pobres cuya vida diaria es una negación del amor y decirles que Dios los ama y a aquellos que tienen otras condiciones de vida decirles que ese amor de Dios tiene una preferencia, una prioridad por los últimos de la historia. No solamente es difícil, sino también conflictivo intentar hablar de esa manera, sobre todo por la segunda pregunta.

La pobreza es muerte temprana

En los años 50 - 60 comenzamos a vivir un fenómeno histórico que continúa, es bueno tenerlo presente, no sin altibajos naturalmente, pero altibajos quiere decir altos y bajos, quiere decir avances y retrocesos; comenzamos a vivir un fenómeno histórico que podemos llamar una nueva presencia de los pobres en la escena histórica, en la escena social y política, en la escena del pensamiento y la reflexión. Los pobres que fueron siempre los ausentes de la historia -en realidad ausentes de la historia escrita, porque en la historia estaban- los no tenidos en cuenta, esos  anónimos de la historia comenzaron a hacerse presentes. Son los años en que nacen palabras que usamos hoy día como por ejemplo la de subdesarrollo, o la palabra Tercer Mundo para calificar aquello pueblos reunidos en Indonesia a mitad de la década del '50, para diferenciarse del llamado Primer Mundo, el mundo capitalista y del Segundo Mundo. Bueno, ahora que ya no hay Segundo Mundo, supongo que nosotros somos el segundo, es la única promoción que hemos recibido.

En ese tiempo, en África las nuevas naciones comienzan a organizarse y aparecen en el escenario. En América Latina las organizaciones populares están activas y hacen notar su presencia. Es muy probable que para muchos de los que están acá eso les haya parecido un fenómeno más o menos normal; para los que hemos acumulado dos o tres juventudes, como es mi caso, puedo decirles que en mi primera juventud no era así. Simple y llanamente, (aunque hubiera organización sindical, tanto obrera como campesina, de pobladores, etc.), no teníamos lo que hemos comenzado a tener -no sin problemas y no sin represiones también- en el continente.

Dije que era un proceso que dio sus primeros pasos en esa época -y algunos antes de la época mencionada- y que se ha seguido dando, sigue presente ese mundo y de allí que los temas alrededor de la pobreza y la marginación sean hoy día tan importantes como tema. Ya sé que eso no basta para cambiar la situación, pero de todas maneras este mundo ha comenzado a hacerse oír y sentir también y eso me parece algo sumamente importante respecto a lo que existió. Eso nos hizo ver que este mundo de la pobreza, de la exclusión y de la marginación, era mucho más que un problema de orden económico y social, era una cuestión humana global, con diferentes aristas, con diferentes dimensiones y que por consiguiente constituye un reto a la conciencia humana y a la conciencia cristiana.

Cuando digo que es más que un problema económico y social, les pido tener en cuenta el más; o sea, sí, es evidentemente un hecho de orden económico y social, cultural, etc., pero es mucho más que eso. La pobreza no se reduce al aspecto económico, -capital por cierto- sumamente importante, pero no se reduce a eso. Y es por eso que en la reflexión de estos años antes hecho, comenzamos a hablar del pobre como del insignificante socialmente –entre comillas, claro está- y una persona puede ser insignificante por razones económicas, porque no tiene un centavo en el bolsillo; por razones de apellido; por razones de orden cultural, racial, de género. Con esas dimensiones una persona puede ser insignificante, y claro está, si junta estas diferentes dimensiones la cosa es mucho más onda y grave todavía. Para decirlo en lo que constituyó el gran impacto de esta nueva presencia, la pobreza en última instancia significa muerte; muerte temprana, muerte injusta.

La muerte injusta y temprana es lo que caracteriza fundamentalmente esa pobreza y los aspectos de orden social -repito- son capitales; pero también los culturales, el sexo de las personas, la cuestión racial que a los latinoamericanos no nos gusta que hablemos de racismo, porque consideramos que no tenemos leyes racistas. ¿Y para qué vamos a tener leyes racistas si tenemos costumbres racistas? Con eso es suficiente.

Ser dueños de su destino

Pero algo que también cambió la perspectiva en ese tiempo y la sigue cambiando ahora, es que la pobreza no es una fatalidad, es una construcción humana, no es un destino, es una condición, y las condiciones se pueden cambiar. No pretendo decir que eso recién naciera en las décadas que mencioné, pero estoy hablando de un fenómeno social global. La conciencia del pobre sí cambió en esas décadas. Los estudiosos hablan de causas, pero el pueblo pobre fue tomando cada vez más conciencia de eso. Condición entonces creada a través de nociones, categorías culturales, estructuras de orden económico y social y esto comenzó a cambiar enormemente la percepción del pobre. Igualmente esto que he llamado irrupción del pobre, esta nueva presencia, trajo también algo muy importante, que de todas maneras está presente y es que la pobreza comprende personas. Y esos pobres son los llamados a ser los dueños de su destino, los sujetos de su historia, a tomar en sus manos las riendas de su destino.

Hay una frase que yo sé que hay personas que la dicen con muy buena voluntad y es aquello de ser "la voz de los sin voz", bueno, yo no me siento llamado a ser voz de los sin voz, lo que me importa es que los sin voz, tengan voz. Es una cosa muy distinta y eso viene precisamente de esa nueva presencia.

Ese proceso del que acabo de recordar los primeros pasos, son pasos permanentes, ese proceso está allí, no hemos terminado de darnos cuenta de que la pobreza es un desafío a la conciencia humana y cristiana radical. Estamos en el terreno de lo inhumano y por lo tanto el primer derecho humano, es el derecho a la vida. Es el derecho fundamental. No hemos terminado de darnos cuenta tampoco que al hablar de pobreza hablamos también de causa y de obra humana y por lo tanto de la posibilidad de deshacer esas causas. Entonces la atención al pobre, la solidaridad con el pobre no puede ser más sólo la ayuda a las personas que padecen pobreza. Honestamente creo que sigue siendo importante, pero si no está acompañada de un rechazo a lo que la provoca, no es una auténtica solidaridad, más aún, diría que si nos limitamos a la ayuda al pobre; -estoy pensando en el mundo religioso, no solamente el cristiano- pues tendremos tarea durante todo lo que nos queda de historia humana, porque los mecanismos que la producen no serán tocados.

Y acá me gustaría plantear otra pregunta, ésta inspirada en un texto bíblico: ¿dónde dormirán los pobres en el mundo que estamos construyendo en este tiempo? Una pregunta tan simple como esa o que también podría ser ¿qué va a comer los pobres en el mundo de ahora? Acá también me gustaría recordar algunos hechos: estamos en un foro que tiene como una de sus perspectivas centrales aquello que llamamos globalización. La globalización –para ubicarla como punto de reflexión- es una expresión engañosa. Da la impresión de que estamos yendo hacia un mundo único y en realidad estamos viendo cada vez más a dos mundos. La brecha entre personas y países ricos, y entre personas y países pobres se agranda. Esa brecha es enorme.

¿Qué globalización queremos?

Pero no solamente eso, creo también que en este mundo globalizado en el que corrientes como el neoliberalismo económico tienen una presencia tan grande, hay también ideológicamente un mundo que se traduce en expresiones como que la etapa que estamos viviendo es absolutamente nueva, nada de lo que se hizo antes vale la pena hoy día, porque esta es una época pos moderna, pos capitalista, pos industrial, pos colonial, pos socialista; y a la gente le encanta ser pos en los últimos tiempos. Todo es nuevo, tan nuevo que hay que borrar absolutamente lo que se hizo en tiempos anteriores y sin embargo sabemos muy bien que la mejor manera de limitar a un pueblo es borrar su memoria. Fue lo que hizo un Virrey muy importante del Perú, intentó borrar la memoria de los incas para poder dominar mejor.

Eso es típico, siempre el dominador ha intentado borrar el recuerdo. Pero en la últimas décadas ha habido un esfuerzo muy grande de los pobres de América Latina, a través de canales muy variados, para reclamar su condición humana. Para decir simplemente, como decía un manifiesto de los negros de EEUU, "que nosotros existimos". Es decir estamos acá, estamos presentes. Esta idea no es cerrar los ojos a la nueva realidad, pero al mismo tiempo tenemos que estar absolutamente claros en cuanto al empeño ideológico -en el sentido peyorativo del término- de hacer creer que las cosas son absolutamente nuevas en el mundo contemporáneo. Mi impresión es que estamos ante la más poderosa campaña para borrar la memoria de los pobres de este mundo y hacerles aceptar su situación porque las cosas ya no son como antes. Naturalmente los dominadores tienen ese interés.

La globalización tiene aspectos de universalidad, pero la universalidad que queremos es el reconocimiento universal de las diferencias, que es lo que da color y sabor a la vida humana. Permítanme una anécdota que me contaba un amigo de una zona norte del Perú. El norte del Perú es indígena hispano hablante, pero en una zona del departamento de Cajamarca hay un bolsón donde viven un par de pueblos que hablan quechua. Y en una ocasión hubo una disputa en el mercado y los  comerciantes pelearon y llegó cierta violencia y llamaron a la policía. Pero los comerciantes se pusieron de acuerdo en quechua y cuando llegó la policía todo estaba bien, estaban terminando de hablar en un idioma que la autoridad policial no conocía. El tipo estaba desesperado porque no sabía que hablaban. Bueno eso es una protección y es parte de una universalidad que no es homogénea.

Esto me llevaría a una segunda reflexión: creo que es muy importante algo percibido por muchas personas y que para nosotros en la teología es fundamental, que es intentar leer la realidad y la historia desde las víctimas de esa historia, desde los postergados, desde los pobres. Para entender lo que sucede en la historia hay que asumir otro punto de vista, el de los últimos de ella. Y me parece que en una reflexión teológica, partir de estos últimos y de estos postergados es algo capital. Y hay que tenerlo presente constantemente. Permítanme un ejemplo: se dice y con toda razón en el mundo de la ecología, que todos estamos en el mismo barco. El planeta Tierra es un barco y todos estamos en el mismo barco. Cierto. Pero lo que no nos dicen es que en los barcos hay varias clases: 1ª clase, 2ª clase, 3ª clase, bodega. Es claro que es mismo barco y si el barco se hunde, se hunden las tres clases. Pero primero se hundirán y morirán los de abajo; los últimos serán los que están en canchas de tenis y demás. Está bien, la imagen es buena, pero al mismo tiempo hay que intentar mirarla desde la bodega, desde abajo, desde los que están el nivel del mar o bajo ese nivel. La visión desde abajo me parece sumamente importante.

Construir esperanza, proyectos y utopías

Y esto me lleva a la tercera parte. Decía que una teología debe ser también una hermenéutica de la esperanza y eso me permite corregir parcialmente algo que afirmé hace un momento. Creo que hay que partir de la situación dura y el sufrimiento que trae y de esta especie de insignificancia social que constituye el núcleo de la pobreza; pero no sólo eso. También hay que saber partir de las esperanzas de ese sector. Los sufrimientos han marcado muy fuertemente la teología que hemos hecho en América Latina, pero hay que ver algo más.

Permítanme referirme a una cuestión bien personal: cuando yo intentaba trabajar estos temas de la Teología de la Liberación, estaba escribiendo algo al respecto y me pareció indispensable venir al Brasil. Estuve aquí en mayo del año '69, es decir pocos meses después del acto institucional nº 5 del 13 de diciembre. Terribles meses, como muchos de Uds. lo recordarán. Muchos amigos brasileños, militantes cristianos, personas de comunidades de base, me aconsejaban usar la memoria y no escribir los números de teléfonos de las personas que iba a llamar. Estuve en cuatro ciudades; en Río, Sao Paulo, Bello Horizonte y Recife. En Recife estuve con Enrique Pereyra Neto, uno de los primeros sacerdotes asesinados en América Latina, exactamente una semana después de que yo dejé Brasil. Por eso dediqué el libro de Teología de la Liberación que en esos momentos trabajaba, a Enrique Pereyra, como lo dediqué también a un escritor indio peruano, José María Arguedas y sinceramente lo intenté hacer simbólicamente. Quería dedicarlo a un negro como Enrique y a un indio como Arguedas, lo cual era dedicarlo a los últimos de la sociedad latinoamericana.

Pude ver los sufrimientos, pude escuchar relatos de los momentos que se pasaban en Brasil. Pero al mismo tiempo pude escuchar también las esperanzas, porque la esperanza es algo que a veces se presenta en medio del sufrimiento, no solamente cuando las cosas van bien. Yo diría que cuando las cosas van muy bien la gente habla menos de esperanza y cuando hablo de hermenéutica de la esperanza, quisiera tener en cuenta tanto los sufrimientos, los malos momentos, como también la esperanza que muchas personas manifiestan.

Decía al comenzar que hablar de la teología como hermenéutica de la esperanza significaba buscar las razones de esperar. Y naturalmente hay una razón fundamental para un creyente, la confianza en Dios. Pero eso hay que enriquecerlo con nuestra vida cotidiana y con los procesos históricos. Me parece que eso es en efecto también hacer teología. Pero igualmente estamos hoy día en una situación sumamente complicada y es que hay una crítica muy fuerte a todo lo que sea proyectos y utopía. Un escritor peruano –José Carlos Mariátegui- escribió en un artículo que "muchas personas, yo también, estamos cansados de hablar de conservadores y progresistas y entonces yo propongo cambiar la nomenclatura, el vocabulario y llamar a los progresistas gente con imaginación y a los conservadores gente sin imaginación," y decía al terminar su artículo que "no me van a aceptar mi nueva nomenclatura por falta de imaginación".

Y yo en realidad pienso que eso es verdad. La imaginación es el mundo o el espacio mental donde nos proyectamos. Y hoy hay algo muy fuerte respecto a eso: se ha llamado a todo deseo de lucha por la justicia, de oponerse a la opresión al mal trato al pobre, con la complejidad y multidimensionalidad que mencioné hace un momento como algo utópico en el sentido peyorativo del término. Si me permiten citaré a otro poeta, en este caso un español que dice algo muy bello: "a veces los sueños se desensueñan y se hacen realidad". Y yo creo que eso es lo que está pasando hoy día por ejemplo en Brasil. Son sueños que se han desensoñado y se convierten en realidades. Pero las realidades suponen entonces construcción, suponen trabajo.

Hace un momento un viejo amigo que hace años que no veía me regaló un libro sobre Chiapas y el libro es "Construyendo la esperanza". Eso es en realidad; la esperanza, el proyecto, la utopía hay que construirlos. Porque el futuro no llega, llegan simplemente las fechas. El futuro está en nuestras manos.  Quisiera terminar recordando un texto del evangelio que siempre me llamó la atención. Dice lo siguiente: "que tu luz no se convierta en oscuridad". Pensaba en el sentido de la imagen y no hay manera de que la luz se convierta en oscuridad. Se puede apagar, pero no es luz entonces. Pero más tarde mirando ciertos procesos políticos y sociales le encontré un sentido que no sé si es el auténtico, pero lo quiero compartir. La luz de personas que sienten que ven claro en un momento dado puede convertirse en oscuridad para una masa pobre. Los que estamos acá nos movemos de una manera u otra parcialmente al menos en el mundo de las ideas, de los conceptos, en el mundo intelectual y eso puede ser oscuridad para muchos. Siento que en América Latina hemos tenido y seguimos teniendo excelentes estudios sobre la realidad, que proyectan luz sobre el continente. ¿Pero son realmente luz o oscuridad para quienes sufren esas situaciones que estudiamos? Ciertamente un estudio siempre es luz, pero detrás de ese estudio hay personas concretas que están padeciendo hambre, marginación, violencia. Son niños, mujeres, personas marginadas por el color de la piel, etc. Me parece muy interesante entonces tratar de evitar una cosa de ese estilo.

Finalmente quisiera agregar una pequeña anécdota. Algunas veces he recibido esta pregunta: "si Ud. tuviera que volver a escribir la Teología de la Liberación, su libro lo escribiría tal cual, como lo hizo hace unos años?". Y bueno yo decía, "no". "Ah, entonces Ud. se retracta". "Bueno, no tanto tampoco". Como no me resultaba esa respuesta, en otras ocasiones ante la misma pregunta les decía "sí". "Ah, testarudo, Ud. no ha aprendido nada". Tampoco era esa la respuesta. Hasta que un día encontré la manera de responder. Yo le dije al periodista: "vea mi amigo ¿es Ud. casado?", sorpresa de él porque no veía la relación entre su matrimonio y la Teología
de la Liberación y me dijo "sí". "¿Cuánto tiempo está Ud. casado?". Digamos que me dijo 15 o 20 años. "¿Quiere a su esposa?". El tipo que ya se empezaba a sentir incómodo me dijo "bueno sí". Entonces le pregunto "¿sería Ud. Capaz de escribir una carta de amor a su esposa en los mismos términos que hace 20 años?". "No". "Yo tampoco pues".

Para mí hacer teología es una carta de amor al Dios en el que creo y al pueblo al que pertenezco y es por eso que me permito decir que las cosas que intenté recordar siguen vigentes y presentes entre nosotros, con enormes cambios es verdad, pero me parece que hoy día encontramos en algunas personas de esos escépticos, que dicen "tu sabes, de esas ilusiones yo ya estoy de regreso". A mi lo que más me impresiona es los que están de regreso, sin haber estado nunca de ida. Esos son los que realmente me sorprenden. Bien, solamente me resta agradecerles su presencia y agradecerles sobre todo su amistad.

(*) en el sentido de interpretación.

Rolando W. Sasso / FSM2003

 

 


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