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Integración Latinoamericana y hemisférica: La
vigencia del pensamiento de Haya de la Torre
Por:
Enrique Cornejo Ramírez
Publicado el 9 de Septiembre del 2003
El desarrollo
económico no sólo debe buscar crecimiento productivo sino también justicia
social. Los países pueden optar por estrategias de desarrollo individuales o
pueden emprender el camino del desarrollo en grupos a través de la integración.
La integración no es un camino fácil y no es un objetivo en sí mismo sino una
forma alternativa de buscar el bienestar de los pueblos.
Para los países
pobres y de tamaño económico relativamente pequeño la integración es una
necesidad. Así lo entendieron Simón Bolívar en el Siglo XIX al soñar con la
“Patria Grande” para los latinoamericanos y Víctor Raúl Haya de la Torre en el
Siglo XX con su visión de la “integración indoamericana”. Este ensayo busca
destacar la importancia y la vigencia del pensamiento de Haya de la Torre sobre
la integración en éstos tiempos de globalización, sociedad de la información y
nuevo regionalismo.
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La integración: concepción y práctica actual
La concepción y
experiencia de la integración han cambiado de manera sustantiva en las últimas
décadas. Durante la segunda mitad del Siglo XX, países industrializados como los
EE.UU. y Japón u Organismos Multilaterales como el Banco Mundial planteaban
explícitamente su rechazo a la integración como camino al desarrollo; se
consideraba que la integración era una forma disfrazada de proteccionismo. Desde
un punto de vista más conceptual, los partidarios del libre comercio (multilateralismo)
consideraban que la integración (regionalismo) no era el camino correcto.
En los albores del
Siglo XXI, los mismos países industrializados que antes criticaban la
integración hoy no sólo han cambiado su discurso sino que ensayan sus propias
experiencias. EE.UU. –que ya es en sí mismo una experiencia avanzada de
integración con sus cincuenta Estados- ahora consolida conjuntamente con Canadá
y México el NAFTA (North American Free Trade Agreement) o TLC (Tratado de Libre
Comercio) como se le conoce en el país azteca. Por su parte, Japón forma parte
del Consejo Económico Asia Pacífico (APEC) y se prepara para formar una zona de
libre comercio en el ASEAN, experiencia de integración asiática.
La experiencia
europea de integración avanza a paso firme. A fines del año 2002 habían quince
Países Miembros –incluida la poderosa Alemania- y a principios del año 2004 el
número de países integrantes se elevará a veinte y después a veinticinco. Europa
se encuentra en la fase de integración monetaria y ya tiene una moneda común (el
Euro) y un Banco Central común (el BCE). Lo destacable es que la Unión Europea
explica una tercera parte del comercio mundial y el comercio intra-bloque supera
el 70 por ciento del total.
En América Latina,
las experiencias de integración también muestran dinamismo a pesar de la
inestabilidad política y económica que caracteriza a nuestros países y de lo
difícil que es trabajar con una visión de largo plazo. La Asociación
Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), creada en la década del sesenta para
propiciar acuerdos comerciales entre los Países de la Región, se ha convertido
en la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y es un efectivo
escenario de negociación que crea las condiciones para una futura zona regional
de libre comercio.
El Grupo Andino,
creado en 1969, se ha convertido en la Comunidad Andina, ha perfeccionado su
Zona de Libre Comercio y avanza con cierta dificultad para concretar la Unión
Aduanera Andina. Los países integrantes del MERCOSUR -superadas las dificultades
de los años noventa- caminan hacia un Mercado Común. Igual ocurre con los
centroamericanos en el Mercado Común Centroamericano (MCCA) y los países
caribeños en la Comunidad del Caribe (CARICOM).
Hay, en consecuencia,
un gran dinamismo en las negociaciones y acuerdos de integración en el mundo y
en América Latina. Incluso, se plantean acuerdos diversos entre grupos y entre
países individualmente considerados y grupos. Ejemplos de éstos acuerdos son el
Tratado de Libre Comercio entre Chile y los EE.UU.; la participación asociada de
Bolivia, Chile y Perú en acuerdos de libre comercio con los países del MERCOSUR;
el reciente Tratado de Libre Comercio Perú-Mercosur; y, las negociaciones
Comunidad Andina- MERCOSUR; diversos y simultáneos esfuerzos para lograr el
mismo objetivo: avanzar hacia la integración latinoamericana.
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EE.UU. y la propuesta del ALCA
Pero, los cambios
continúan. EE.UU. ha dado un giro estratégico a su política exterior y ahora
quiere a América Latina como socio comercial y, para ello, ha planteado la
conformación del ALCA (Area de Libre Comercio para las Américas) que no es otra
cosa que una propuesta de integración hemisférica, desde Tierra del Fuego hasta
Canadá.
Es evidente que EE.UU.
no quiere perder su posición hegemónica en la Región y busca contrarrestar –de
ésta manera- el mayor peso relativo de Europa y Asia en el comercio mundial.
Esto es lo que quiere EE.UU., pero ¿qué es lo que deben buscar los países
latinoamericanos?. El ALCA puede ser una buena alternativa para nuestros países
siempre que se sustente en una negociación equilibrada, con un trato diferencial
a los países de menor desarrollo relativo y partiendo de negociaciones
bloque-bloque y no de acuerdos bilaterales.
Lo curioso es que, en
nuestros países, quienes sostenían duras críticas a la opción de la integración,
hoy son los entusiastas defensores del ALCA, sólo porque la iniciativa proviene
de los EE.UU. Surgen entonces curiosas explicaciones para sostener su nueva
posición: “hay que integrarse, pero a los países ricos y no conformar un club de
pobres”, dicen con evidente ingenuidad.
Lo concreto es que
hoy, desde el punto de vista conceptual y desde la propia experiencia de los
países, la integración es vista con interés por unos y otros; por países grandes
y pequeños; por países industrializados y por los países pobres; por los
multilateralistas y por los regionalistas. Incluso, la Comisión Económica para
América Latina (CEPAL) ha propuesto un nuevo concepto para reflejar ésta
situación: el Regionalismo Abierto, es decir, una integración que no se
contrapone a los objetivos de una economía mundial más abierta y con mayor
dinamismo en sus flujos comerciales y de inversión.
Para América Latina y
para el Perú este “nuevo ambiente mundial” a favor de la integración resulta muy
conveniente para alcanzar sus objetivos de desarrollo con justicia social, pero
habrá que actuar con estrategia y sentido común. Y, en este contexto, el
pensamiento visionario de Haya de la Torre sobre la integración está plenamente
vigente.
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Haya de la Torre y los planteamientos de “Defensa Continental”
En la importante y
profusa obra de Víctor Raúl Haya de la Torre destaca en el tema de la
integración el libro titulado “Defensa Continental”. Esta obra recoge veintidós
ensayos periodísticos y una nota inicial escritos principalmente entre 1940 y
1941 en un contexto en el que se discutía cuál debía ser la posición de América
Latina frente a la Segunda Guerra Mundial así como la relación entre los países
de la Región y los EE.UU. El mismo Haya de la Torre se encarga de precisar el
objetivo buscado: “...esclarecer, en cuanto sea posible, la posición aprista
frente al conflicto europeo y, consecuentemente, ante las proyecciones de la
conflagración del Viejo Mundo sobre Indoamérica”
El libro se publica
también en un contexto nuevo para las relaciones entre América Latina y los
EE.UU. En esos años se produce un importante cambio en la política exterior de
los EE.UU. hacia los países latinoamericanos, con la adopción en 1933 de la
denominada “Política del Buen Vecino”, durante el mandato del Presidente
Roosevelt.
La lectura de éste
libro, más de sesenta años después de su edición original, nos demuestra la
extraordinaria valía de Haya de la Torre y la sorprendente actualidad de sus
principales argumentos.
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La necesidad de la integración indoamericana
Para Haya de la Torre
era claro que los países latinoamericanos debían integrarse para constituir lo
que denominaba los “Estados Unidos de Indoamérica”. Y la definía así: “...la
América india, mestiza, chola, pelada, gaucha, rota, que es la nuestra:
Indoamérica”. Lo fundamental es entonces trabajar por la unidad basada en la
diversidad de nuestros pueblos y conscientes que nuestro mestizaje es una
ventaja y no lo contrario como todavía piensan muchos latinoamericanos.
Agrega Haya:
“Indoamérica es un nombre de reinvindicación integral, de afirmación
emancipadora, de definición nacional” . La integración indoamericana es un tema
medular en el pensamiento de Haya (lo encontramos también en su obra primigenia
“El Antiimperialismo y el APRA”); lo consideraba fundamental para salir del
coloniaje económico y mental.
Afirma Haya: “Y si
los pueblos indoamericanos no se hacen fuertes por la unión, serán –como Africa
y Oceanía- colonias, ya de los imperialismos totalitarios o ya de los
imperialismos no totalitarios que más o menos benignamente tendrán que seguir
haciendo de ayos y patrones nuestros hasta que tengamos conciencia histórica de
nuestra propia emancipación”.
Para el insigne
latinoamericano, la libertad sin fuerza es difícil mantenerla como lo enseñan
las guerras, pero la fuerza sin unión es inconcebible, como lo enseña la
integración. Dice Haya: “Trabajar por la unión, es deber de los indoamericanos
capaces de comprender que lo que fue ensueño de Bolívar, es hoy imperativo de
necesidad” , y nosotros agregamos: “y lo que fue visión y estrategia de Haya de
la Torre es deber de los latinoamericanos y de los apristas poner en marcha”.
Pero, para integrarse
hay que conocerse previamente. Haya se lamentaba y consideraba como un hecho
grave el desconocimiento que los latinoamericanos tenemos unos de otros y
culpaba de ello a políticos, educadores y periodistas. Esta crítica sigue siendo
válida en la actualidad.
Por ejemplo, han
tenido que pasar más de treinta años en la integración andina, para que peruanos,
ecuatorianos o colombianos empecemos a pensar en términos de una integración
subregional concreta a través del incremento del comercio y las inversiones o de
la circulación de personas sin pasaporte. Pero todavía la mayoría de los
ciudadanos de éstos países no saben que ya existe una zona de libre comercio
entre ellos o que pueden viajar de un país al otro sólo con su documento de
identificación nacional; y, por supuesto, si no conocen no pueden aprovechar
éstos beneficios.
A este
desconocimiento contribuyen varios factores. Por ejemplo, tenemos una historia y
una cultura común pero los programas de historia en los colegios parecerían
inducirnos a la rivalidad y la confrontación y no hay cursos de integración.
De otro lado, entre
algunos economistas peruanos hay quienes se refieren despectivamente a la
integración andina señalándola como un “club de pobres” o afirmando que no tiene
futuro porque –según ellos- producimos lo mismo. Estas afirmaciones revelan que
aún peruanos con altas calificaciones y generadores de opinión pública tienen un
gran desconocimiento de la realidad andina. No saben – por ejemplo- que entre
todos los mercados de destino a los que se dirigen las exportaciones peruanas,
el mercado andino es el que demanda productos y servicios de mayor valor
agregado (como los de la línea metal-mecánica); tampoco saben que el comercio
bilateral peruano-colombiano es probablemente uno de los más complementarios de
la Región.
Hay una baja
conciencia integracionista entre los ciudadanos de nuestros países y también hay
falta de voluntad política en varios de nuestros gobernantes. Basta señalar como
ejemplo que, en la década del noventa, el Perú casi abandona la Comunidad Andina,
lo que hubiera significado no sólo un lamentable error sino un retraso
fundamental en lo avanzado.
Haya decía en 1940
que hay que buscar la unidad indoamericana como una forma de incentivar la
conciencia popular. Y, refiriéndose al poco conocimiento que tienen los
latinoamericanos de su propia realidad señalaba: “Y este es mal unánime,
resultado de nuestro colonialismo mental fascinado por Europa y desdeñoso de
todo lo que es nuestro”
El problema continúa
en nuestros tiempos. ¿Cuántos peruanos conocen Miami pero no conocen Machu
Picchu, Chan Chan o Túcume?; y, ¿cuántos bolivianos han viajado a otros
continentes pero no conocen la Portada del Sol en Tiahuanaco?;y, si no lo
conocen, ¿tienen idea sobre dónde están situados?.
Para que haya
integración efectiva debe haber conciencia de su importancia, conocimiento de la
realidad de nuestros pueblos. Haya lo dice claramente: “El primer paso para una
efectiva solidaridad continental hay que darlo en la prensa, en las escuelas, en
los Partidos. Cada diario o revista, grande o pequeño, debería hacer propaganda
didáctica sobre los países indoamericanos”.
Honrosas excepciones
a este desconocimiento que lleva a una “baja autoestima peruana o
latinoamericana” son el importante esfuerzo de investigación desarrollado por el
historiador ecuatoriano Enrique Ayala Mora con los cuatro tomos de su Historia
Andina publicados por la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito o la
iniciativa periodística de Héctor Delgado Parker, de Radio Programas del Perú (RPP),
al crear el “Informativo Solar”, espacio radial en el que diariamente diversas
emisoras de Ecuador, Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela presentan las noticias
más importantes de éstos pueblos hermanos que son escuchadas por millones de
radioescuchas. Ejemplos como éstos deberían multiplicarse.
- Nadie es profeta en su tierra
Mencionábamos al
inicio de éste ensayo lo sorprendente que resultaba que antiguos detractores de
la integración latinoamericana hoy sean fanáticos defensores de la integración
hemisférica que plantea el ALCA sólo porque la idea ha surgido en los EE.UU. Y
no es que estemos en desacuerdo con los beneficios que puedan generarse de un
ALCA bien negociado sino que no somos conscientes todavía que lo que nos falta
es tener nuestra propia visión estratégica y, sabiendo qué queremos, poder
avanzar con paso más firme hacia el futuro.
Haya también percibía
esta mentalidad dependiente en los años cuarenta del Siglo XX cuando comenta las
reacciones que se habían generado entre intelectuales y políticos peruanos
frente a las declaraciones del Senador norteamericano Wiley para la Agencia de
Noticias United Press. Wiley propuso la conveniencia que “los veinte Estados de
Indoamérica formen una gran unidad económica y política”.
El comentario de Haya
es lapidario: “Quizá ahora que un prominente hombre de Estado nortemericano lo
proclama, comiencen a pensar nuestros políticos criollos en la trascendencia y
perentoriedad de una iniciativa –se refiere a la integración indoamericana- que,
de haberse intentado hace dos o tres lustros –cuando el Aprismo la postuló
gallarda y tenazmente- nos habría dado mayor seguridad para éstas inquietas
horas cruciales en que se juega nuestro común destino” ; y, en otra parte agrega
lo siguiente: “Tiene mucha fuerza que una iniciativa venga de allá. Cuando se
lanza entre nosotros vale bien poco”.
Lamentablemente, ésta
crítica sigue siendo válida actualmente y no sólo en temas vinculados a la
integración. Necesitamos tener mayor conciencia de nuestra identidad nacional y
regional y así mirar y negociar con otras regiones y potencias con seguridad y
buscando el equilibrio.
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Del Interamericanismo de Haya a las negociaciones del ALCA
Consideramos que es
conveniente la integración de América Latina con los EE.UU. pero también
pensamos que, previamente, debemos fortalecer la integración latinoamericana.
EE.UU. no sólo es la principal potencia mundial sino que es el primer socio
comercial de la mayoría de los países latinoamericanos. En el caso del Perú, al
mercado norteamericano se dirigen cerca del 30 por ciento de nuestras
exportaciones y un tercio de nuestras importaciones provienen de ese país. Por
lo tanto, profundizar una relación comercial y de inversiones, lograr una mejor
penetración con exportaciones de bienes y servicios de mayor valor agregado (como
confecciones de algodón o conservas de espárrago) resulta altamente conveniente.
Haya también se
adelantó a realizar precisiones muy claras respecto a la importancia de
desarrollar buenas relaciones con los EE.UU. En “El Antimperialismo y el APRA”
(1928) plantea que los latinoamericanos necesitamos de los EE.UU. tanto como
ellos necesitan de nosotros. Y, en “Defensa Continental” (1940-1941) sostiene
que: “Nunca negó el ideario aprista el valor indiscutible que aportan los
Estados Unidos a la civilización del mundo. Y nunca tampoco desconoció la
significación de una cooperación eficiente entre la América industrial altamente
tecnificada y la América agraria, productora de materias primas y de economía
incipiente”.
Haya de la Torre
consideraba necesario establecer un sistema de relaciones más justas entre
“ambas Américas”. Proponía explorar nuevas formas de relación basadas en
principios de igualdad y equilibrio y estaba convencido que una alianza más
segura y garantizada con los EE.UU. se podría lograr si previamente se avanzaba
en la integración indoamericana.
Decía: “De lo que se
trata es de...hacer sentir a cada cual –se refiere a las dos Américas- que deben
vivir coherentemente, que se necesitan ambas, que serán vecinas mientras exista
el planeta y este ancho hemisferio sea habitable y que, por el mutuo respeto y
por la mutua ayuda deben ser buenas vecinas”.
Haya de la Torre
criticaba el Panamericanismo que propiciaba los EE.UU. antes de Roosevelt y
propugnaba más bien lo que denominaba el Interamericanismo que definía como la
“convivencia de la América –campo y materia prima- con la América –industria y
capital”.
El error del
Panamericanismo –sostiene Haya- es imaginar que unidad significa homogenizar,
“amalgamar en una sola e indefinida mezcla”, cuando se trata de realidades
diversas, de dos “espacio-tiempo históricos” que no se deben confundir pero que
sí deben coordinar. El Interamericanismo expresa más bien una relación de
igualdad de condiciones, de cooperación y coordinación y, sobre todo, de equidad.
Y Haya se refiere
también a la posibilidad que la integración latinoamericana sea promovida desde
los EE.UU. diciendo: “No interesa...que la unidad de Indoamérica sea triunfo
peruano o estadounidense. Lo que importa es que ella se realice por el bien y
seguridad de todos”.
Con este mismo
criterio, podríamos referirnos a las perspectivas de la puesta en marcha del
ALCA. Es cierto que la iniciativa de carácter hemisférico provino de los EE.UU.
y es cierto que responde –como ya hemos dicho- a sus intereses estratégicos,
pero la integración América Latina- EE.UU. puede ser beneficiosa para ambos. Y-
claro está- lo que le conviene a la Región es que sus bloques subregionales se
fortalezcan e interrelacionen entre sí para que, desde esa plataforma común, los
países latinoamericanos negocien con los EE.UU. en las condiciones más
equilibradas posibles.
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¿Cómo debe América Latina negociar con los EE.UU. su participación en el ALCA?
La estrategia de negociación de los EE.UU. es avanzar hacia un ALCA basado en
acuerdos celebrados por separado con cada país. La estrategia de América Latina
–que muy bien ha comprendido el Brasil del Presidente Lula- debe buscar el
acercamiento de las experiencias subregionales de integración para luego ir a
conversar con los EE.UU.
Haya se daba cuenta
perfectamente de ésta debilidad en nuestra estrategia de negociación (en la que
cada país marcha por su lado) cuando afirma: “Nos hemos acostumbrado a
considerar a cada uno de nuestros países como una isla. Y como una isla
primitiva alejada”.
Frente a ésta
limitación el desafío es profundizar –por todos los medios y tipos de acuerdos
posibles- la integración comercial y financiera intra-latinoamericana. Por ello
durante el Gobierno del APRA, entre 1985 y 1990, la prioridad que pusimos en la
negociación que desarrollaba –en representación del país- el Instituto de
Comercio Exterior (ICE) fue el establecimiento de acuerdos de integración
comercial y de complementación económica con casi todos los países de América
Latina. Sólo después de cumplir con este deber histórico y ser coherentes con la
propuesta integracionista de Haya de la Torre iniciamos negociaciones con países
de otros continentes.
En el discurso que
pronunciamos en la Reunión Extraordinaria del Comité de Representantes de ALADI,
en Montevideo- Uruguay en agosto de 1987, luego de colocar una placa
recordatoria de Haya de la Torre en la sede del organismo de integración
regional dijimos: “Somos fieles al mensaje de nuestros Próceres y Libertadores,
pensamiento y mensaje como los de San Martín, Bolívar, Artigas y, en este siglo,
Haya de la Torre, para quienes la Patria se llamaba América; y somos fieles a la
historia de nuestros pueblos, que siempre soñaron con un porvenir de justicia,
pero unidos en una Patria Grande”. Y fue así como celebramos acuerdos en el
marco de ALADI con diferentes países como Brasil, Argentina, México, Uruguay,
Cuba, Chile, Bolivia, Colombia, Venezuela, entre otros. Se trataba de Acuerdos
de Alcance Parcial o Acuerdos de Complementación Económica, algunos de los
cuales continúan vigentes.
Cuando nos
preguntamos de qué manera los latinoamericanos debemos negociar con los EE.UU.
el futuro ALCA, Haya de la Torre también nos da la respuesta sesenta años atrás:
“Pero hay que advertirlo, no fusión o incorporación dentro del Imperio
norteamericano, meta del Panamericanismo, sino alianza con los 48 Estados Unidos
del Norte, previa Federación de los 20 Estados desunidos del Sur”.
La opción planteada
es clara: primero fortalecer la integración regional y sobre ésta base cimentar
el acuerdo hemisférico. En la campaña electoral nacional del verano de 2001, de
acuerdo con este criterio, el Partido Aprista Peruano planteó al país promover
una plataforma de negociación Comunidad Andina-Mercosur- Chile y, con la América
del Sur unida, negociar el ALCA.
Haya de la Torre
plantea que todos los países latinoamericanos debían preparar sus economías
nacionales para una integración hemisférica. Sostenía que, en cada país, debía
constituirse un Congreso Nacional conformado por todas las fuerzas
representativas y que incluya todos los puntos de vista “...para llegar a la
coordinación de un plan de economía nacional con miras a formar parte de la
organización económica continental”.
Haya se adelanta
también a la necesidad de buscar la complementación económica entre los EE.UU. y
Latinoamérica y no sólo un intercambio comercial. Y lo hace al definir la “etapa
interamericanista sin imperio” “...que comenzará por definir los dos grandes
campos económicos en que se dividen las Américas: aquél en que predomina el
industrialismo y éste en que la agricultura y la materia prima definen una
fisonomía de región agrícola-minera característica y prevalente en nuestros
pueblos”.
Y, para que no quede
duda alguna, reproducimos a continuación la cita textual en la que Haya de la
Torre describe con todo detalle los pasos que se deben seguir para una
integración entre América Latina y los EE.UU. que no es otra cosa que lo que hoy
denominamos ALCA.
Afirma Haya: “Como
resultado de éstos Congresos económicos nacionales debe reunirse un gran
Congreso o Conferencia Económica de todos los Estados Americanos –también con
representaciones funcionales de las fuerzas vitales de su economía- al que se
lleven las conclusiones de cada Congreso Nacional y en el que se estudie la
posibilidad de intercambio de productos entre los países de Indoamérica y éstos
con los Estados Unidos, planteándose el desarrollo coordinado de la industria en
los diversos países indoamericanos de acuerdo con un programa de cooperación y
no de competencia”.
Pero el planteamiento
integracionista de Haya de la Torre es más ambicioso aún. Como sabemos, el ALCA
apunta a ser una zona de libre comercio (es decir, a crear un mercado ampliado
en el que no hayan barreras comerciales –aranceles- para los productos
comercializados por los Países Miembros del Acuerdo). Pero la zona de libre
comercio es apenas la primera en un esfuerzo de integración como lo planteó Bela
Balassa en los años cincuenta. Una vez lograda ésta hay que avanzar hacia etapas
de más profunda integración: la Unión Aduanera, el Mercado Común, la Unión
Económica (etapa en la que se encuentra Europa actualmente) hasta llegar a la
integración total.
Haya también se
adelantó a ésta concepción de la integración como un proceso que tiene que
desarrollar etapas. Precisa en “Defensa Continental”: “Con las conclusiones de
éste Congreso Económico Interamericano se reunirá una conferencia de expertos de
ambas Américas que estudie los siguientes puntos fundamentales: unificación del
tipo de moneda, por lo menos entre los veinte Estados indoamericanos y
estabilización del cambio entre ésta moneda de países agro-mineros y productores
de materias primas, con el dólar que es moneda de gran país industrial”.
Lo que plantea Haya
de la Torre en ésta cita no es otra cosa que los requerimientos de un Mercado
Común y de una Unión Monetaria, que serán etapas más ambiciosas de integración
que vendrán posteriormente. Y no son menos importantes sus planteamientos en el
campo financiero. Haya propone la creación de un: “...Banco de Exportación e
importación Interamericano en cada Estado de las Américas con funciones no sólo
circunscritas a préstamos y créditos aislados sino como organismo director y
garantizador de inversiones productivas...”. Se adelantó así a la creación del
Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Convenio de Pagos y Créditos
Recíprocos en el marco de ALADI (CCR-ALADI).
Haya también proponía
una institución financiera que buscase el equilibrio de balanza de pagos en
América cuando afirma: “...sobre ésta base...debería establecerse un sistema
bancario interamericano que garantice la estabilidad de la moneda común y
sistematice las relaciones con el Federal Bank System de los Estados Unidos...”.
Con ello, se adelanta también a la creación en los años ochenta –a iniciativa
del Gobierno del Presidente Alan García- del Fondo Andino de Reservas (FAR) con
sede en Santa Fe de Bogotá- Colombia, que después se ampliará con la inclusión
de otros países latinoamericanos hasta su versión actual denominada: Fondo
Latinoamericano de Reservas (FLAR).
Y para quienes tienen
temor que una integración América Latina – EE.UU. en el marco del ALCA pueda ser
perjudicial para nuestros países, Haya señala: “Sobre éstas bases, se acelerará
el desarrollo industrial de Indoamérica, se intensificará la producción de una
agricultura que no compita en lo posible con la estadounidense, se absorverán
recíprocamente entre los países indoamericanos muchos de sus productos y se
sistematizará el comercio con los Estados Unidos, cediendo los excesos de
producción otros continentes” . Queda claro que el beneficio para América Latina
es posible si trabajamos estratégicamente, preparamos nuestras economías y
negociamos sobre la base del equilibrio.
La tarea es concreta.
Se necesita promover en nuestros países cadenas productivas, lograr una
agricultura rentable y que asegure la seguridad alimentaria para su población,
procurar un mayor valor agregado en nuestros productos y servicios de
exportación, la conformación de consorcios o asociación de pequeños productores,
el diseño de estrategias de diferenciación, mayores esfuerzos de complementación
y comercio intra-bloque, para lograr así una inserción competitiva en el mercado
norteamericano y en los otros mercados del planeta.
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Otros aportes de Haya de la Torre a la integración latinoamericana
La integración no
tiene que ver sólo con temas de naturaleza económica. En el mismo libro “Defensa
Continental”, Haya de la Torre nos habla – recordemos que lo hace entre los años
1940 y 1941- de una serie de hechos o de instituciones que recién ocurrirán o
serán constituidas años después. Su carácter visionario es impresionante.
Así por ejemplo, Haya
se adelanta a la constitución de la denominada “cláusula democrática” en la
Organización de Estados Americanos (OEA), para defender la institucionalidad
democrática frente a la amenaza de dictaduras o de golpes militares.
Haya afirma: “...un
punto de vista que ha sostenido el Aprismo como iniciativa perentoria y previa
para una sólida sistematización de la defensa de la democracia en éste
Hemisferio: el establecimiento de un Tribunal o Comisión permanente
interamericano, destinado a velar por la intangibilidad de los regímenes
emanados de la soberanía popular en nuestros países”.
La cláusula
democrática de la OEA recién funciona desde la segunda mitad de los años noventa;
los gobiernos de los países latinoamericanos se demoraron cincuenta años en
darse cuenta de la conveniencia de lo que proponía Haya de la Torre. ¡Cuántas
dictaduras o intentos de ruptura del orden democrático en América Latina se
hubieran podido evitar o disuadir en éstos años!.
Igualmente, en 1940,
Haya propone una integración en lo militar, diciendo: “...para las medidas de
seguridad militar tiene que ser necesario que todos los jefes de los Ejércitos
de ambas Américas se junten y coordinen un plan común”. Siete años después de lo
señalado por Haya de la Torre, en febrero de 1947, se creó el Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en el marco de la Conferencia
Interamericana para el mantenimiento de la paz y la seguridad del Continente
realizada en Río de Janeiro- Brasil. El objetivo por el que fue creado el TIAR
era el de actuar solidariamente (política, militar y económicamente) en caso que
uno de los Países Firmantes fuera atacado por una potencia extracontinental.
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Algunas Reflexiones Finales
Como hemos visto a lo
largo de este ensayo, el pensamiento de Victor Raúl Haya de la Torre con
respecto a la integración latinoamericana y hemisférica está plenamente vigente.
La integración está
más fuerte que antes, al punto que algunos de los detractores de ayer tienen
actualmente sus propias experiencias de integración. Los acuerdos de integración
se multiplican y, en América Latina, se empieza a comprender poco a poco la
necesidad de integrarse. La propuesta de integración hemisférica del ALCA
significa enormes desafíos que deben ser afrontados con responsabilidad sobre la
base de una negociación que busque el equilibrio y la equidad. Para lograr un
mayor beneficio, los países de la Región deben fortalecer y sumar sus actuales
esfuerzos de integración subregional y así presentar plataformas comunes para la
negociación con los EE.UU.
El Jefe y Fundador
del Partido Aprista decía, refiriéndose a la línea del Partido en éste tema:
“Conformación de una poderosa defensa de nuestros pueblos por la Unión
Indoamericana primero, y, por la Alianza con los Estados Unidos después... y
esto supone que, con nuestra unión, habremos neutralizado definitivamente toda
acción imperialista y que, con la alianza, habremos equiparado y equilibrado el
balance de ambas Américas”.
El resurgimiento de
la integración regional, como vía para alcanzar los objetivos del desarrollo, la
dinámica que muestran las negociaciones y acuerdos entre países de América
Latina y la construcción de una integración hemisférica a través del ALCA, son
hechos positivos para la Región, siempre y cuando estemos unidos y seamos
conscientes de nuestro común destino. Todo ello reinvindica el pensamiento y la
visión del más insigne peruano del Siglo XX, Victor Raúl Haya de la Torre y es
nuestra obligación contribuir a que éstas ideas se conviertan en acciones
concretas.
NOTAS
HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl...; “La Defensa Continental”;
publicado en: “Obras Completas”; Tomo IV; Librería Editorial Juan Mejía Baca;
Cuarta Edición; Barcelona-España, 1985; Nota Inicial; página 235.
Franklin Delano Roosevelt (1882-1945) fue elegido Presidente de los EE.UU. en
1933 y reelegido en tres oportunidades, 1936, 1940 y 1944. Contrarrestó los
efectos de la crisis económica mundial de 1929 con su programa denominado “New
Deal”. Para América latina adoptó la “Política del Buen Vecino” frente a la
“diplomacia del dólar” que miraba despectivamente a la Región.
HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl;...Op.Cit; Página 263
HAYA DE LA TORRE; Víctor Raúl...; Op.Cit.; Página 282
HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl...; Op.Cit.; página 245.
HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl;...Op.Cit.; Página 266
HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl...Op. Cit.; página 248.
HAYA DE LA TORRE; Víctor Raúl...; Op. Cit.;
página 250
HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl...; Op. Cit.; página 244
IBIDEM..;
PÁGINA 246
HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl...; Op.Cit.; página 245.
HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl;...Op.Cit.; Página 266
HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl...Op. Cit.; página 248.
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