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Año 6.1- Edición Digital Nº 58

 

Enrique Cornejo Ramírez

 

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Gerencia social y viabilidad de la inversión

Por: Enrique Cornejo Ramírez

Presidente Asociación Nueva Economía

 

Para salir de la pobreza hay que generar nueva riqueza y, para hacerlo, se necesita aumentar la inversión. No habrá desarrollo sin inversión, no habrá  justicia social sin inversión.

En el Perú, cuando se habla de inversión inmediatamente se piensa en la inversión extranjera; es cierto que ésta inversión es importante sobre todo en los sectores de exportación de materias primas y en actividades de servicios. Sin embargo, la mayor parte de la inversión privada es nacional e incluye miles de pequeñas y micro empresas a lo largo de todo el país. La inversión pública también es importante, principalmente en los sectores sociales y en la infraestructura básica.

El esfuerzo que debemos realizar en el país para que el crecimiento genere nuevo empleo suficiente y beneficie realmente al ciudadano de a pie, implica necesariamente casi duplicar los actuales niveles de inversión. Sólo en infraestructura básica (carreteras, agua, energía) se estima que se necesitan no menos de US$ 20,000 millones y en infraestructura para sectores sociales (educación, salud) se necesitan otros US$ 20,000 millones. Adicionalmente, se necesita invertir más en nuevos proyectos de exportación (textil-confecciones, agroindustria y minería) por un monto no menor a los US$ 7,000 millones.

Para que aumente la inversión pública se necesita reestructurar el presupuesto público y mejorar la calidad, eficiencia y transparencia del gasto, pero no será suficiente. En muchos casos, manteniendo la propiedad de los activos, se requiere apoyo del sector privado a través de diferentes mecanismos que se utilizan en distintos países: la asociación público-privada (denominada PPP´s por sus siglas en inglés, Public Private Partnership), la concesión, el contrato de usufructo, el contrato de gerencia o el accionariado difundido. La inversión pública debería elevar su participación dentro del total del gasto público del actual 10% al 20% o 25%. Existe todavía la idea que el Estado puede resolver –por sí solo- los requerimientos de inversión, pero eso no es posible.

La inversión privada –nacional o extranjera- necesita tres cosas básicas para poder actuar: rentabilidad, reglas de juego claras y estabilidad política y social. La rentabilidad depende de cada proyecto y del entorno macroeconómico (que en el país es favorable); para que hayan reglas de juego claras y duraderas se necesita planeamiento estratégico, políticas de Estado y visión de futuro. Para que haya estabilidad política y social se necesita algo más que gobernabilidad democrática e instituciones creíbles.

Partiendo de los altos niveles de pobreza y desigualdad que tiene nuestro país y que afectan a millones de peruanos, no basta con promover mayores inversiones privadas; hay que darle viabilidad social y política a éstas inversiones. Los sucesos de Ilave, los de Espinar en el Cusco, los de Ancash, Cajamarca y, últimamente, los de Piura, todos relacionados a la actividad minera y a las comunidades campesinas que se ubican en las zonas de influencia de los respectivos proyectos, nos deben llevar a reflexión.

Que se necesita la inversión privada es indudable. Esta inversión debe cumplir, desde nuestro punto de vista, cinco requisitos básicos: a) pagar sus impuestos correctamente; b) no contaminar el medio ambiente; c) actuar en un ambiente de competencia y no de monopolio; d) generar, en lo posible, empleos locales; y, e) ser solidaria con la pobreza y la desigualdad de las poblaciones involucradas. Si estas condiciones se cumplen será más fácil el entendimiento por parte de la población de los beneficios que trae la inversión privada –nacional y extranjera- al desarrollo del país.

Corresponde al Estado garantizar que la inversión tenga la rentabilidad y estabilidad que necesita pero también garantizar que cumpla con sus obligaciones impositivas, ambientales y sociales. En muchos casos, es el Estado el que debe propiciar el diálogo y la concertación entre todas las partes involucradas, de manera que se recupere confianza mutua y la inversión sea considerada “amigable” por la población. Factor fundamental para contribuir a éste objetivo es el buen manejo de los impuestos recaudados, de manera que parte importante de los mismos regrese – a tiempo- a la población en forma de obras públicas y servicios tangibles.

A todo éste esfuerzo de acercamiento de posiciones, de búsqueda de alternativas viables y concertadas, de pedagogía y de inducción social, es lo que denominamos “gerencia social” y ésta es una tarea del nuevo Estado. Con prácticas de “gerencia social” se han viabilizado recientemente proyectos como Yuncán, Bayóbar y las Bambas; con “gerencia social” también se encontró una solución para la eliminación concertada de algunas exoneraciones en la Región San Martín. En todos los casos, la “gerencia social” permitió agregar a los objetivos empresariales objetivos sociales que beneficien a la población. Todos tenemos que prepararnos y mentalizarnos en ésta nueva tarea del Estado que le de viabilidad a las inversiones.

 


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