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La sociedad del
conocimiento, los desafíos del desarrollo y la economía peruana
Por:
Enrique Cornejo Ramírez
El proceso de globalización en el
que vivimos tiene un carácter ambivalente: de un lado, las economías de los
países están más integradas que antes, la innovación tecnológica logra
resultados sin precedentes con la biotecnología y la telemática, las distancias
se han reducido con la Internet y el comercio electrónico; pero, de otro lado,
aumenta la pobreza y la desigualdad, se contamina el medio ambiente y los países
industrializados mantienen barreras proteccionistas al comercio así como
destinan significativos recursos a la guerra y a la autodestrucción, con la
amenaza de armas de destrucción masiva, de tipo nuclear, químico o biológico.
Prácticamente se ha completado la
secuencia del genoma humano y eso abre alternativas insospechadas. Los
resultados de las investigaciones científicas revelan que la secuencia del
genoma es similar en todas las personas, es decir, que todos somos iguales en un
99.9%. Hoy también sabemos que la secuencia del genoma humano es similar en un
98.8% a la correspondiente secuencia genética de los chimpancés; humanos y
chimpancés tenemos la misma información genética, pero mejor organizada la de
los primeros. Todo lo anterior nos lleva a una conclusión: los seres humanos
somos muy parecidos y la perfección genética es una utopía; sin embargo, abundan
situaciones de discriminación de diverso tipo (racial, económica, social,
religiosa, de género); surgen aventureros, pseudo-científicos y se promueven los
fundamentalismos. Nunca como ahora estamos tan lejos de un paradigma solidario.
El principal problema de la
globalización es que los costos que genera parecen ser mayores que sus
beneficios, al menos hasta el momento. Ganan con la globalización unas minorías
y pierden las mayorías; ganan los que acceden a la innovación tecnológica y
pierden los que se quedan con tecnologías atrasadas. Ganan con la globalización
los que tienen la información adecuada en el momento adecuado y pueden entonces
producir nuevo conocimiento y tomar buenas decisiones; mientras tanto, pierden
los que no conocen la información pertinente, no la tienen oportunamente o no la
saben utilizar.
En estos tiempos no es posible
hablar de países aislados de la economía mundial; países grandes y países
pequeños, países ricos y países pobres, interactúan mucho más que antes;
inclusive países industrializados como los EE.UU. -que hace apenas dos décadas
lideraba abiertamente una corriente contraria a la integración económica- hoy
apuesta por la integración, tiene su propio Bloque Regional, el NAFTA, y
promueve un esfuerzo hemisférico de integración: el ALCA.
Vivimos en una sociedad del
conocimiento. El insumo principal es la información; el resultado o producto
principal es el nuevo conocimiento. El círculo virtuoso en ésta sociedad tiene
cuatro pasos: a)identificación de la información pertinente; b) procesamiento de
la información; c) transformación de esa información en nuevo conocimiento, útil
para el entorno; y, d) retroalimentación.
Frente a este panorama, los
desafíos del desarrollo siguen siendo esencialmente los mismos de siempre:
obtener un sano y sostenido proceso de crecimiento económico, que genere empleo
productivo, que promueva una justa distribución de los frutos de ese
crecimiento, es decir, con justicia social, que busque disminuir la brecha entre
ricos y pobres y, en general, que eleve el nivel y la calidad de vida de la
población.
Para un país como el Perú, con
una economía pobre y pequeña, con mercados fragmentados, asimétricos,
concentrados y, en general, poco competitivos, con un Estado ineficiente e
institucionalmente débil, con bajos niveles educativos y muchas otras
necesidades básicas insatisfechas, el reto del desarrollo es doblemente difícil.
No es que el mercado no deba ser
promovido y fortalecido; lo que ocurre es que se trata de muchos mercados
(fragmentación), la mayoría de ellos ineficientes y más de la mitad de la
población participa de manera limitada en el mercado (población pobre) o
simplemente no participa (población en extrema pobreza o indigencia).
No es que la competencia no sea
positiva, pero lo que abundan son situaciones no competitivas que perjudican al
consumidor y a la mayoría de los productores: monopolios, oligopolios,
monopsonios u otras formas de competencia imperfecta o de situaciones de abuso
de posición dominante en los mercados.
No es que no sea buena la
transparencia de los mercados para la óptima y oportuna toma de decisiones pero
lo común más bien es la asimetría de la información. No es que las tasas de
interés no sean importantes en el proceso de intermediación financiera; lo que
ocurre es que miles de micronegocios lo que no tienen es acceso al crédito
formal (represión financiera), lo que encarece sus costos y los hace más
ineficientes.
Uno de las razones fundamentales
por las que las políticas de desarrollo fracasan en países como el Perú es la
poca comprensión del punto de partida. No partimos de una situación de
equilibrio, de pleno empleo de los recursos o de homogeneidad; por el contrario,
partimos de una gran desigualdad en la que el suelo no está parejo. Nuestra
diversidad cultural, social, económica lingual y hasta geográfica por el momento
es una limitación pero podría convertirse en una fortaleza, como lo ha sido el
poco espacio disponible en el Japón o el desierto para Israel.
Sostenemos que, para que las
políticas de desarrollo tengan éxito en una economía como la peruana, deben
considerarse dos etapas: a) una primera en la que los supuestos que normalmente
se utilizan no son válidos, en la que el espacio-tiempo obliga a construir
condiciones de mercado y competencia; en la que es necesario salir de la
profunda desigualdad y pobreza y crear las bases para un estado de bienestar, en
la que prácticamente hay que empezar de cero o cerca de cero y construir la
infraestructura básica ; y, b) una segunda etapa en la que se pueden aplicar
políticas más ortodoxas de política de desarrollo pues las condiciones
económicas y sociales ya lo permiten, al parecerse más a lo que señalan los
textos de economía.
No es que el modelo neoclásico de
crecimiento no sirva. Lo que ocurre –desde nuestra perspectiva- es que hay una
importante primera etapa de desarrollo en la que sus planteamientos no son los
más convenientes ni logran los resultados esperados. Así, por ejemplo, durante
la primera etapa a la que nos referimos, las tasas de interés no son el factor
fundamental para fomentar el ahorro y el crédito de las instituciones
financieras; existen miles de micronegocios –que no cumplen los requisitos de
los bancos para calificar como sujetos de crédito- pero que, sin embargo,
reciben crédito de instituciones de microfinanzas y con tasas altas. En una
primera etapa, el problema del crédito no es de tasa sino de acceso. Los
micronegocios y las microfinanzas no están contemplados en los textos de teoría
financiera ni en los Acuerdos de Basilea que se toman como parámetros mundiales
para la gestión de los Bancos.
Haya de la Torre mencionaba
–refutando a Lenin- que en los países de América Latina el imperialismo no era
la fase superior del capitalismo sino la primera. Hoy podríamos afirmar
que en los países pobres y de economía pequeña como el Perú, las ventajas de la
nueva economía de la globalización, la información y el nuevo conocimiento no se
dan plenamente, al menos en un primer momento; se desarrolla más bien “otra
nueva economía”, caracterizada por los pequeños y micro negocios, por la
actividad productiva informal, por el autoconsumo y el autoempleo, por el
desarrollo de tecnologías intermedias, por la diversidad cultural y geográfica,
etc.
El Perú tiene inexorablemente que
mirar al mundo y lograr una inserción inteligente en el mercado global, con una
apertura gradual pero negociada, con un Estado que base su fortaleza en su
capacidad de generar información, con seguridad alimentaria y equilibrio
energético, con estrategias competitivas de exportación y con audaces programas
educativos y de promoción de la ciencia y la tecnología.
Es claro en éstos tiempos que
para lograr el desarrollo, primero hay que crecer; que el crecimiento debe ser
sostenido en el tiempo y principalmente en las ramas y sectores intensivos en
mano de obra; que para crecer se necesita inversión y que –para que haya
inversión- se necesitan proyectos que sean rentables. Es claro también que no
hay crecimiento sostenido ni gobernabilidad con injusticia social y altos
niveles de pobreza. Los tiempos post-modernos no debemos verlos con miopía o
temor. Hay que diseñar políticas de desarrollo no sólo consistentes en sí mismas
sino –además- adecuadas a la etapa de desarrollo en la que nos encontremos. Si
en éstos tiempos lo importante es la información, el Estado debe convertir la
información en un bien público, es decir, al alcance de todos, no importando su
condición social o económica.
Finalmente, hay que fomentar la
solidaridad, fortalecer la integración, ser conscientes y orgullosos de nuestra
identidad nacional y no perder la esperanza en el Perú y en la capacidad de los
peruanos para salir de la crisis. Esto significa cambiar las maneras de hacer
política, cambiar también los criterios de gestión de los gobiernos; en suma,
cambiar de mentalidad y ubicarnos históricamente, para saber interpretar la
naturaleza y profundidad de los cambios y para no perder de vista lo esencial:
que el desarrollo- cualquiera sea la estrategia que adoptemos- lo que debe
buscar es mejorar la vida de la gente.
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