Opinión

Año 6.1- Edición Digital Nº 58

 

Luis Alva Castro

 

Portada

Nacional

Opinión

Internacional

América Latina

New Jersey

Economía

Cultural

Deportes

Salud

Migraciones

Comunidad

Artes

Congreso de los Estados Unidos

Alan García Pérez

E-mail

Columnistas

Javier Valle Riestra

Enrique Cornejo

Rolando Hernández

Juan Orrego Sevilla

Armando Villanueva del Campo

Padre Gustavo Gutiérrez

Carlos Pacheco

Luis Alva Castro

Misceláneas

 

 

Recordando a Vallejo: La Bohemia de Trujillo

Por: Luis Alva Castro

El homenaje del Congreso de la República al poeta liberteño César Vallejo (Santiago de Chuco, 16-III-1892/París, 15-IV-1938), recordando 110 años de su nacimiento, es un buen motivo para recordar aspectos poco estudiados de la fecunda actividad literaria que desarrollara en su departamento natal, sobre todo en la ciudad de Trujillo, donde estudió y publicó sus primeros poemas y artículos.

 Antes de llegar a Lima en 1918, a proseguir estudios de doctorado en jurisprudencia en la universidad de San Marcos y a relacionarse con Manuel González Prada, José María Eguren, Abraham Valdelomar y José Carlos Mariátegui, se da un intenso período vital en el poeta, signado por un frustrado anhelo de seguir estudios de medicina que origina un breve viaje a Lima en 1911 y una esforzada labor como maestro y empleado contable. Vallejo vive en pobreza pero su espíritu se subleva al conocer la lacerante pobreza y la condición social del minero de Quiruvilca, el campesino de las alturas de Santiago de Chuco y Huamachuco y el trabajador cañero del Valle de Chicama.

Interesado por la cuestión social, decide estudiar Letras y Derecho en la universidad de Trujillo, entre 1913 y 1917. En 1914 se vincula a un inquieto grupo de estudiantes que se debate, como el propio Vallejo, entre la preocupación por la cuestión social, siguiendo el ejemplo moral e intelectual de Manuel González Prada, y el interés por la literatura. El gran animador es el filósofo y periodista Antenor Orrego, que hace del diario La Reforma una cantera de nuevas ideas y sensibilidades. Participan del grupo, entre otros, el escritor José Eulogio Garrido, el pintor, escultor y músico Macedonio de la Torre, los poetas Eloy Espinoza y Alcides Spelucín, y un joven y dinámico periodista y líder estudiantil, Víctor Raúl Haya de la Torre, quien será amigo entrañable de Vallejo.

Gracias a la amistad epistolar con los poetas arequipeños Alberto Hidalgo y Alberto Guillén y con los escritores del grupo "Colónida" de Valdelomar (formado en 1916), como Félix del Valle y Federico More, el grupo estará en contacto con la intelectualidad joven de todo el país. En 1915 recibirán la visita del poeta capitalino Juan Parra del Riego, quien escribirá sobre ellos designándolos para la posteridad como la "Bohemia de Trujillo".

Coinciden los biógrafos de César Vallejo, tanto Juan Espejo Asturrizaga, Luis Monguió como Juan Larrea, André Coyné y otros en que el vínculo del joven Vallejo con los bohemios trujillanos fue decisivo en la definición de su vocación literaria y en la maduración de su personalidad como poeta. Sus amigos le ayudaron a ensanchar su horizonte literario, nutriéndolo no sólo del modernismo de Rubén Darío, Herrera y Reissig y Juan Ramón Jiménez, sino también de las ideas de Rodó, Emerson, France y Unamuno, y de la poesía simbolista y postsimbolista francesa, incluyendo Baudelaire, Verlaine, Jammes y Laforgue. Vallejo entendió el mensaje de Valdelomar cuando sentenció que "la lectura de los grandes maestros enseña, no a imitar sino a depurar el espíritu". El vínculo intelectual y amistoso con el grupo universitario trujillano hace surgir al poeta universal propiamente dicho. "1915 representó un año decisivo en su evolución posterior’ anota André Coyné, en pocos meses la poesía de Vallejo se transforma".

Esa transformación también da lugar a un deslumbramiento ante el genio poético en ciernes y una fervorosa adhesión a su arte. Orrego, Garrido, Haya de la Torre, Xandoval, Oscar Imaña, Espejo Asturrizaga, Federico Esquerre y todos los demás, no sólo le prodigaron gran afecto y lo animaron a publicar sus primeros textos, sino además lo defendieron públicamente como creador original y digno de la más alta estima intelectual. Con motivo de la publicación del poema "Aldeana" en diciembre de 1915 “poema que sería parte del libro Los heraldos negros” Antenor Orrego escribía en esos días: "César Vallejo, como todo verdadero creador, es inclasificable. Hace versos como habla, y habla como vive. Su arte, como todo gran arte, es un símbolo de la naturaleza, una metáfora de la vida. Para ser un gran poeta, para ser un poeta universal no le falta a Vallejo ninguno de los más altos, ni de los más raros dones naturales".

Cuenta en sus memorias el poeta Alcides Spelucín que "el grupo intelectual de Trujillo suscitó, por oposición, una tremenda ola de condenación y zozobra. Sesudos catedráticos de retórica afirmaban que nuestra obra literaria carecía de valor; médicos y juristas creían que se nos debía recluir en clínicas o manicomios; madres e hijas se mostraban temerosas de que aquellos trasnochadores que decían versos a la luna y discursos a las estrellas perturbaran las horas de alguna niña romántica o fascinaran a algún muchacho soñador de familia". 

El blanco favorito de estos ataques, visibles en la prensa conservadora norteña, era el poeta Vallejo. En su defensa, Víctor Raúl Haya de la Torre escribió una pieza teatral, "Triunfa, vanidad", escenificada en diciembre de 1916 por la compañía de Amalia de Isaura. Relata Spelucín que la obra "constituyó una valiente y oportuna diatriba contra aquel tipo de prejuicios sociales. César Vallejo escribió un hermoso colofón para dicha comedia y Víctor Raúl dio así, desde la tribuna escénica, el primer paso hacia el entendimiento entre el medio trujillano y su juventud intelectual". Esta experiencia teatral afianzó el lazo indisoluble entre Vallejo y el grupo de inquietos jóvenes intelectuales a quienes él siempre llamó "mis hermanos".

De todo esto queda para quienes evocamos estos hechos, cuán importante fue para la evolución de César Vallejo el vínculo fraterno y creador con el "Grupo Norte" o con la "Bohemia de Trujillo" y cuán importante fue para los propios jóvenes trujillanos encontrar en Vallejo una personalidad ejemplar por su integridad y su genio. Desde entonces Vallejo y su obra son universales y eternos pertenecen a todos los peruanos deseosos de un futuro de libertad y justicia social.

Vallejo representa al Perú en formación, al Perú en trance de definir los múltiples cauces de sus nacionalidades convergentes.
Y esto que decimos para el Perú, lo decimos para toda Nuestra América, este continente aún en formación, que empieza en el Río Grande, al norte de México y se proyecta hasta la Patagonia austral. De esta Indoamérica, en cuyo gigantesco crisol vinieron a fundirse todas las razas del mundo, y por lo que José Vasconcelos, el maestro, acuñaría el término "Raza Cósmica".

 

Regresar a Luis Alva

 

 

1