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Recordando a Vallejo: La Bohemia de Trujillo
Por: Luis Alva Castro
El homenaje
del Congreso de la República al poeta liberteño César Vallejo (Santiago de
Chuco, 16-III-1892/París, 15-IV-1938), recordando 110 años de su nacimiento, es
un buen motivo para recordar aspectos poco estudiados de la fecunda actividad
literaria que desarrollara en su departamento natal, sobre todo en la ciudad de
Trujillo, donde estudió y publicó sus primeros poemas y artículos.
Antes
de llegar a Lima en 1918, a proseguir estudios de doctorado en jurisprudencia en
la universidad de San Marcos y a relacionarse con Manuel González Prada, José
María Eguren, Abraham Valdelomar y José Carlos Mariátegui, se da un intenso
período vital en el poeta, signado por un frustrado anhelo de seguir estudios de
medicina que origina un breve viaje a Lima en 1911 y una esforzada
labor como maestro y empleado contable. Vallejo vive en pobreza pero su espíritu
se subleva al conocer la lacerante pobreza y la condición social del minero de Quiruvilca, el campesino de las alturas de Santiago de Chuco y Huamachuco y el
trabajador cañero del Valle de Chicama.
Interesado
por la cuestión social, decide estudiar Letras y Derecho en la universidad de
Trujillo, entre 1913 y 1917. En 1914 se vincula a un inquieto grupo de
estudiantes que se debate, como el propio Vallejo, entre la preocupación por la
cuestión social, siguiendo el ejemplo moral e intelectual de Manuel González
Prada, y el interés por la literatura. El gran animador es el filósofo y
periodista Antenor Orrego, que hace del diario La Reforma una cantera de nuevas
ideas y sensibilidades. Participan del grupo, entre otros, el escritor José
Eulogio Garrido, el pintor, escultor y músico Macedonio de la Torre, los poetas
Eloy Espinoza y Alcides Spelucín, y un joven y dinámico periodista y líder
estudiantil, Víctor Raúl Haya de la Torre, quien será amigo entrañable de
Vallejo.
Gracias a la
amistad epistolar con los poetas arequipeños Alberto Hidalgo y Alberto Guillén y
con los escritores del grupo "Colónida" de Valdelomar (formado en 1916), como
Félix del Valle y Federico More, el grupo estará en contacto con la
intelectualidad joven de todo el país. En 1915 recibirán la visita del poeta
capitalino Juan Parra del Riego, quien escribirá sobre ellos designándolos para
la posteridad como la "Bohemia de Trujillo".
Coinciden los biógrafos de César Vallejo, tanto Juan Espejo Asturrizaga, Luis
Monguió como Juan Larrea, André Coyné y otros en que el vínculo del joven
Vallejo con los bohemios trujillanos fue decisivo en la definición de su
vocación literaria y en la maduración de su personalidad como poeta. Sus amigos
le ayudaron a ensanchar su horizonte literario, nutriéndolo no sólo del
modernismo de Rubén Darío, Herrera y Reissig y Juan Ramón Jiménez, sino también
de las ideas de Rodó, Emerson, France y Unamuno, y de la poesía simbolista y
postsimbolista francesa, incluyendo Baudelaire, Verlaine, Jammes y Laforgue.
Vallejo entendió el mensaje de Valdelomar cuando sentenció que "la lectura de
los grandes maestros enseña, no a imitar sino a depurar el espíritu". El vínculo
intelectual y amistoso con el grupo universitario trujillano hace surgir al
poeta universal propiamente dicho. "1915 representó un año decisivo en su
evolución posterior’ anota André Coyné,
en pocos meses la poesía de Vallejo se transforma".
Esa
transformación también da lugar a un deslumbramiento ante el genio poético en
ciernes y una fervorosa adhesión a su arte. Orrego, Garrido, Haya de la Torre,
Xandoval, Oscar Imaña, Espejo Asturrizaga, Federico Esquerre y todos los demás,
no sólo le prodigaron gran afecto y lo animaron a publicar sus primeros textos,
sino además lo defendieron públicamente como creador original y digno de la más
alta estima intelectual. Con motivo de la publicación del poema "Aldeana" en
diciembre de 1915 “poema que sería parte del libro Los heraldos negros” Antenor
Orrego escribía en esos días: "César Vallejo, como todo verdadero creador, es
inclasificable. Hace versos como habla, y habla como vive. Su arte, como todo
gran arte, es un símbolo de la naturaleza, una metáfora de la vida. Para ser un
gran poeta, para ser un poeta universal no le falta a Vallejo ninguno de los más
altos, ni de los más raros dones naturales".
Cuenta en
sus memorias el poeta Alcides Spelucín que "el grupo intelectual de Trujillo
suscitó, por oposición, una tremenda ola de condenación y zozobra. Sesudos
catedráticos de retórica afirmaban que nuestra obra literaria carecía de valor;
médicos y juristas creían que se nos debía recluir en clínicas o manicomios;
madres e hijas se mostraban temerosas de que aquellos trasnochadores que decían
versos a la luna y discursos a las estrellas perturbaran las horas de alguna
niña romántica o fascinaran a algún muchacho soñador de familia".
El blanco
favorito de estos ataques, visibles en la prensa conservadora norteña, era el
poeta Vallejo. En su defensa, Víctor Raúl Haya de la Torre escribió una pieza
teatral, "Triunfa, vanidad", escenificada en diciembre de 1916 por la compañía
de Amalia de Isaura. Relata Spelucín que la obra "constituyó una valiente y
oportuna diatriba contra aquel tipo de prejuicios sociales. César Vallejo
escribió un hermoso colofón para dicha comedia y Víctor Raúl dio así, desde la
tribuna escénica, el primer paso hacia el entendimiento entre el medio
trujillano y su juventud intelectual". Esta experiencia teatral afianzó el lazo
indisoluble entre Vallejo y el grupo de inquietos jóvenes intelectuales a
quienes él siempre llamó "mis hermanos".
De todo esto
queda para quienes evocamos estos hechos, cuán importante fue para la evolución
de César Vallejo el vínculo fraterno y creador con el "Grupo Norte" o con la
"Bohemia de Trujillo" y cuán importante fue para los propios jóvenes trujillanos
encontrar en Vallejo una personalidad ejemplar por su integridad y su genio.
Desde entonces Vallejo y su obra son universales y eternos pertenecen a todos
los peruanos deseosos de un futuro de libertad y justicia social.
Vallejo
representa al Perú en formación, al Perú en trance de definir los múltiples
cauces de sus nacionalidades convergentes.
Y esto que decimos para el Perú, lo decimos para
toda Nuestra América, este continente aún en formación, que empieza en el Río
Grande, al norte de México y se proyecta hasta la Patagonia austral. De esta
Indoamérica, en cuyo gigantesco crisol vinieron a fundirse todas las razas del
mundo, y por lo que José Vasconcelos, el maestro, acuñaría el término "Raza
Cósmica".
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