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12 De Julio: Haya
de la Torre nos legó una Constitución
Por: Luis Alva
Castro
Hace 25 años, un 12 de julio de 1979, un hombre lúcido pero
debilitado, que durante penosas semanas luchó contra la adversidad
de un mal incurable, pudo imponer con trazo
tembloroso pero legible su firma en un documento de gran
trascendencia histórica.
Era
la autógrafa de la nueva Constitución de la República, la carta
magna nacional que normaría el renacimiento de la democracia en el
Perú tras once años de aciaga dictadura. El firmante era el
presidente de la Asamblea Constituyente, Víctor Raúl Haya de la
Torre, fundador y conductor del Aprismo, hijo egregio de Trujillo,
que con ese gesto cumplió uno de sus últimos compromisos con la
soberanía de la voluntad del pueblo, antes de acudir a una cita
ineludible con la eternidad pocos días después, el 2 de agosto de
1979.
Como presidente de la Asamblea Constituyente elegida en 1978, Víctor
Raúl Haya de la Torre fue entonces el más importante representante
del voto popular. Obtuvo como líder de la lista electoral del
Partido Aprista, bajo el sistema del “voto preferencial” o voto
individualizado, un total de 1’038.516 votos, casi doblando el
resultado de su más cercano contendor, el líder pepecista Luis
Bedoya Reyes, que obtuvo 644.131 votos. La ciudadanía reparó
rápidamente en esta situación e hizo de la presidencia de la
Constituyente, cargo en teoría sólo legislativo y deliberativo, el
centro de sus demandas y sus expectativas. Luis Alberto Sánchez
rememora en su libro “Sobre la herencia de Haya de la Torre” que en
cada sesión plenaria de la Asamblea Constituyente, Víctor Raúl
distraía buena parte de su atención y sus fuerzas con el fin de
canalizar estas reclamaciones, lo cual tomaba largas horas. Otro
tanto ocurría durante el día en su despacho. Desde su oficina en la
Constituyente era el mediador imprescindible en complejos conflictos
regionales y laborales que el gobierno militar era incapaz de
conciliar. De este modo, no obstante su delicada salud, apenas podía
descansar las horas necesarias.
Hasta su último día al frente de sus labores en la sede del
Congreso, Haya de la Torre fue fiel a su mensaje del 28 de julio de
1978 de garantizar una Constituyente “autónoma, soberana y libre”.
Fue además el inspirador de una Constitución “que se centre en torno
al hombre y a los derechos humanos y forje un Estado nuevo para una
sociedad mejor”. Su magisterio moderó tensiones entre los
legisladores de diversas creencias políticas y ayudó a la
reconciliación de la ciudadanía con las fuerzas armadas. El
agravamiento de su salud después del 12 de julio y luego su deceso,
llenaron de congoja a los peruanos, incluidos aquellos que recién
tenían la oportunidad de conocer su genialidad y su grandeza.
La
Constitución de 1979, la que nos legara Haya de la Torre, promulgada
el 13 de julio de 1979 y puesta en funciones el 28 de julio de 1980,
fue la décimo quinta que ha tenido nuestra accidentada vida
republicana (incluyendo el Reglamento Provisorio de San Martín de
1821). La carta magna de 1979 instituyó por primera vez los derechos
laborales y sociales (derecho a la estabilidad laboral, a la salud y
a la educación, los derechos de la mujer y del niño), así como la
plena e intangible soberanía nacional sobre todos sus recursos
naturales y energéticos; estableció un flexible sistema legislativo
bicameral y dio nacimiento al Tribunal de Garantías
Constitucionales, al mismo tiempo que sentó las bases de la
descentralización del país constituyendo gobiernos regionales.
La
Constitución de 1993, resuelta antidemocráticamente por el hoy
fugitivo ex gobernante Fujimori, eliminó lo más sustancial en cuanto
a legislación social, imponiendo además un régimen unicameral
sumamente vulnerable a la autoridad del poder ejecutivo. Dejó sin
efecto, entre otros puntos concretos, dos importantes principios de
régimen económico y social: el art. 56, según el cual “El Estado
reconoce el derecho de los trabajadores a participar en la gestión y
utilidad de la empresa, de acuerdo con la modalidad de ésta”; y el
art. 112: “El Estado garantiza el pluralismo económico... Las
empresas estatales, privadas, cooperativas, autogestionarias,
comunales y de cualquier otra modalidad actúan con la personería
jurídica que la ley señala de acuerdo con sus características”,
estableciendo en su reemplazo un sistema de libre empresa.
El
proceso actual de afirmación y redefinición de nuestro sistema
democrático, tarea que hoy nos convoca a todos, requiere, entre
otros aspectos, retomar el espíritu legislador centrado en la
justicia social y el bien común que nos legara Haya de la Torre.
Requiere también del ejemplo de desinterés, vocación de servicio y
sensibilidad por las necesidades populares que caracterizó al líder
y fundador del Aprismo. Recordemos que él se impuso a sí mismo
cobrar sólo un sol como emolumento siendo presidente de la Asamblea
Constituyente de 1978-1979. Requiere también del sentido de
coherencia en las ideas y en los actos que mostró ejemplarmente.
Si
hoy en día los gobernantes no cumplen sus promesas, dan prioridad a
su propia remuneración y no a la de los trabajadores, no ofrecen un
programa claro de ordenamiento y crecimiento de nuestra economía, y
no avanzan en superar el desorden institucional y los vicios de
política económica del defenestrado modelo de gobierno fujimorista,
es porque nos falta todavía mucho que aprender del legado
doctrinario y político del gran trujillano, el más importante
pensador y político peruano del siglo XX.
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