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Papa exalta virginidad ante multitud en Brasil
SAO
PAULO, mayo 11, 2007.-
El Papa Benedicto XVI exaltó el viernes la virginidad y la fidelidad en un
directo mensaje ante 1,2 millones de fieles que lo aclamaron en Sao Paulo,
donde también criticó a los que se burlan del dogma católico.
En el
tercer día de su primera visita a América en dos años de pontificado,
Benedicto XVI canonizó en una misa a cielo abierto a un sacerdote
franciscano como primer santo nacido en Brasil, medida que busca reforzar la
fe católica en un país que asiste a una agresiva evangelización de grupos
pentecostales.
"Es
preciso decir no a aquellos medios de comunicación social que ridiculizan la
santidad del matrimonio y la virginidad antes del casamiento," dijo el Papa
ovacionado por la multitud.
"El mundo
precisa de vidas limpias, de almas claras, de inteligencias simples que
rechacen ser consideradas criaturas objeto de placer," agregó.
Joseph
Ratzinger, de 80 años, llegó en papamóvil al inmenso predio del aeropuerto
municipal Campo de Marte, donde un cielo diáfano se asoció a una ceremonia
colorida por las miles de banderas vaticanas y latinoamericanas que agitaron
asistentes mientras un coro de 1.200 voces entonó cantos litúrgicos.
Tras
canonizar al venerado fray Galvao, quien vivió en Sao Paulo entre los siglos
XVIII y XIX ayudando a pobres y enfermos, el Papa inició su homilía en
portugués sentado en un amplio escenario blanco precedido por una imponente
cruz.
Desde allí
reiteró su férrea visión sobre el mundo contemporáneo, al que describió como
contaminado por la búsqueda del placer egoísta como fin supremo.
"¡Que
bello ejemplo a seguir nos dejó fray Galvao! Como suenan actuales para
nosotros, que vivimos una época tan llena de hedonismo, las palabras que
aparecen en la Cédula de consagración de su castidad: 'Quitadme la vida
antes que ofender vuestro bendito Hijo, mi Señor,"' dijo Benedicto XVI.
Luego,
sentenció: "Son palabras fuertes, de un alma apasionada (...) y que
despiertan deseos de fidelidad a Dios dentro o fuera del matrimonio."
Al
referirse a quienes se mofan de los preceptos vaticanos sobre la fidelidad
conyugal y la castidad prematrimonial, el líder de la Iglesia Católica
indicó que "la devoción mariana es garantía cierta de protección maternal y
de amparo en la hora de la tentación."
En Brasil,
un país visto como liberal respecto al sexo pero donde vive la mayor
población católica del mundo, el Papa viene haciendo una defensa de un
catolicismo integrista pregonando valores "radicalmente cristianos."
Su viaje
es considerado un esfuerzo para revitalizar la Iglesia Católica en Brasil,
donde el culto romano ha perdido fieles e influencia desde la
democratización en 1985 y la propagación del sida, que el Gobierno combate
con planes que incluyen la distribución masiva y gratuita de condones.
Al llegar
al país el miércoles, el Papa fustigó a los políticos que apoyan la
legalización del aborto y apoyó su excomunión, y también exigió "respeto a
la vida desde su concepción hasta su natural declinación."
Luego, al
hablar el jueves a más de 35.000 jóvenes en un estadio de fútbol, realzó
valores como la castidad antes del matrimonio y la consagración de la
familia tradicional.
La misa
del viernes fue acompañada por fieles llegados de todo Brasil, y de países
como Ecuador, Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay, muchos de los cuales
pasaron la noche en el aeropuerto de Campo de Marte con bolsas de dormir y
frazadas, enfrentando una fría madrugada con cantos religiosos e infusiones.
El severo
discurso del Papa fue calurosamente recibido por los fieles que lo siguieron
en sus desplazamientos y muchos destacaron la alegría transmitida por el
Pontífice en sus contactos con los brasileños, en los que se lo vio
sonriente y ágil.
"Decían
que él es autoritario, pero parece tímido y dulce," dijo Lucilene Gutierres,
una joven paulista de 21 años quien llegó temprano el viernes al enorme
terreno donde el Papa ofició misa.
Tras la
ceremonia, el Papa retornó al monasterio donde se aloja en el centro de Sao
Paulo.
Luego
recibirá a obispos brasileños en la Catedral da Sé de Sao Paulo y
posteriormente viajará 167 kilómetros hacia la ciudad de Aparecida, donde el
domingo abrirá la V Conferencia del episcopado latinoamericano, que debe
guiar la acción de la Iglesia en la región en los próximos años.
Sobre ese
encuentro, el Papa dijo: "¿Cómo no ver entonces la necesidad de acudir con
renovado ardor a la llamada, a fin de responder generosamente a los desafíos
que la Iglesia en Brasil y en América Latina está llamada a enfrentar?".
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