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Aprismo, Inversión y Justicia Social
"Haya y el pacto por la inversión". Alan García, líder del PAP,
plantea en artículo publicado en Perú 21 y La Tribuna, que "el Perú
no podrá salir de su atraso sin la inversión externa y tiene que
hacer los mayores esfuerzos para captarla cuanto antes en la mejor
condición".
Se equivocan quienes interpretan el pacto por la inversión y el
empleo digno que he planteado en nombre del aprismo como un cambio
de discurso, pues este corresponde exactamente al pensamiento de
Haya de la Torre y, lo que es más importante, a lo que el Perú
necesita para generar trabajo y bienestar.
El aprismo mantiene su programa social de impulso a la agricultura y
la descentralización, de defensa de los consumidores y los derechos
internacionales del trabajo. Propone, asimismo, la austeridad en el
Estado para aumentar la inversión social. Pero todo eso es muy poco
ante las necesidades de empleo y bienestar y ante la velocidad del
desarrollo en el resto del mundo. Hace falta impulsar y atraer
decisivamente la nueva inversión que desarrolle las tierras, las
minas, las carreteras, los aeropuertos, las fábricas, que genere más
empleo y entregue al Estado más impuestos para financiar la
inversión social en educación, salud, descentralización y
agricultura para promover la justicia social. Convocar la inversión
no es hacer un giro ideológico ni una pirueta electoral sino aplicar
las más sólidas enseñanzas de Haya de la Torre.
La realidad de hoy.
¿Cuál es nuestro espacio tiempo económico actual al que aplicar
dichas enseñanzas? Como lo he sostenido en mi libro Modernidad y
política en el siglo XXI, vivimos un nuevo modo de producción global
en el que la velocidad de la información, que tiene como expresión,
entre otras, al dinero electrónico, consolida un mercado mundial
único a enorme velocidad. La tecnología genética e informática
impulsa la sociedad del conocimiento y, por ello, en el mercado
mundial, la mayor proporción del precio de lo intercambiado es
inteligencia e información y la menor proporción son las materias
primas.
En los últimos 20 años, el valor del comercio mundial se ha
multiplicado por 15 veces; la capacidad productiva, gracias a la
genética y a la automatización informática, supera con creces la
capacidad del consumo mundial. Y lo que es más importante, la
capacidad de inversión privada en el mundo es mucho mayor que la
capacidad de inversión de los estados y gira rápidamente alrededor
de la tierra buscando rentabilidad.
De esa inversión, los nuevos países-taller, como China, India y el
bloque asiático, han logrado atraer cientos de miles de millones de
dólares elevando los salarios y la condición de vida de sus pueblos.
México, por su cercanía y alianza con Estados Unidos, pero también
Centroamérica y Chile, están logrando las mayores inversiones en
Latinoamérica. Y los demás países de América Latina, salvo el caso
de Venezuela por su inmensa riqueza petrolera, deben competir por
las inversiones.
La inversión es imprescindible.
¿Puede el Perú estar ausente de esa carrera por el desarrollo, las
inversiones, el empleo y la exportación? ¿Puede un partido político
responsable limitarse a administrar de mejor manera los escasos
recursos internos? La respuesta es no. El razonamiento a lo Robinson
Crussoe al que se refería Haya de la Torre, es decir, administrar
los pocos recursos con los que cuenta el país, sólo conduciría a
perpetuar la pobreza, el desempleo y la mediocridad. Es
imprescindible atraer el capital en forma de inversión productiva
porque, al aplicarse, arrastrará múltiples actividades internas.
Es claro que la inversión externa desencadena a su vez la inversión
nacional. Por ejemplo, por cada US$1,000 millones de inversión en un
yacimiento minero, se calcula que US$650 millones son comprados a
proveedores nacionales de cemento, metal mecánica, electricidad,
carbón, etc. Sólo por esa razón se genera un ingreso para el Estado
de US$120 millones por IGV, pero el aumento de la producción y
exportación minera permite también aumentar el ingreso por impuestos
a la exportación y a la renta. Así, directa o indirectamente aumenta
el empleo, pero aumentan los recursos en manos del Estado para la
educación, la salud y la agricultura.
He tomado el ejemplo de la inversión minera porque hoy, y por los
próximos años, los precios de los minerales, impulsados por el
crecimiento asiático, son lo más atractivo que el Perú tiene para la
inversión externa, y por esa razón, los US$1,000 millones
considerados pueden ser en realidad US$10,000 millones si se actúa
con velocidad desarrollando las Bambas, Michiquillay, Quellaveco,
Cerro Verde, Majaz, Magistral, etc. Hay pues que aprovechar este
espacio-tiempo económico pues podría ser que dentro de diez años se
reduzca ese interés y los recursos mineros queden postergados o, lo
que es más peligroso, sean superados por algún descubrimiento
tecnológico.
Además, en el caso en que la producción de cobre, zinc, plomo, plata
y oro se duplicara, su volumen permitiría un salto cuantitativo para
impulsar el desarrollo de la metalmecánica minera, tal como Chile lo
ha logrado, y eso daría un uso industrial adicional a la propia
minería. Y también el Perú podría multiplicar por diez su
exportación y empleo por la joyería.
Otro capítulo central es la inversión agrícola y de exportación por
el mayor número de empleos directos que genera. Ella puede lograrse
ofreciendo todas las facilidades y seguridades en las tierras del
país y facilitando no sólo terrenos eriazos sino, también, la
articulación de propiedades en las que pueden desarrollarse
tecnológica y competitivamente los productos de exportación. En los
próximos diez años el Perú podría alcanzar fácilmente una
exportación de US$5,000 millones en nuevos productos agrícolas, si
concede, por ejemplo, un doble crédito tributario a la inversión en
infraestructura de riego. Pero algo similar puede lograrse en el
desarrollo vial. De 78,000 kms. de rutas, apenas 10,000 son
asfaltadas y pocos cientos de kilómetros merecen llamarse
autopistas. Y la matemática es simple. Mucho más gastan el Perú y
los transportistas reponiendo las partes, piezas y vehículos
deteriorados que lo que gastarían pagando peajes en autopistas de
calidad construidas con inversión privada. Y lo mismo puede
plantearse en muchas otras áreas de perforación petrolera, de
desarrollo del gas, de generación eléctrica o de infraestructura
aeroportuaria.
La política social requiere inversión.
Todas estas propuestas se desprenden del pensamiento aprista. El
Apra defiende el derecho al empleo, a la salud y a la educación,
porque en el mundo actual, en el que hay tanta exclusión, la
creación del empleo es el primer y más efectivo paso para la
redistribución de la riqueza. El Apra defiende los derechos
fundamentales del trabajo creado, como son la negociación colectiva,
la jornada laboral adecuada y las condiciones de seguridad social;
defiende el derecho de los consumidores y la capacidad del Estado
para promover el desarrollo. Pero sabe que la alternativa sin
inversión es el desempleo, el asistencialismo y la carencia de
recursos estatales, que es el peligroso camino hacia el que el país
está orientándose.
Porque, además, puede ocurrir que el ALCA y la alianza comercial con
Estados Unidos, que en 1940 Haya de la Torre había previsto, se
hagan realidad sin que previamente hayamos logrado más inversiones,
más tecnología, más empleo dentro del Perú. El TLC ya es una
realidad para México, Chile y Centroamérica, cuya producción es más
competitiva, y dentro de poco será una realidad para Colombia, de
manera que el Perú no podrá quedarse aislado del gran mercado.
Deberá negociar lo mejor posible, defender al máximo su agricultura,
pero negociar.
Sin embargo, de poco valdrían los acuerdos y el gran mercado, si
previamente o al mismo tiempo no se impulsa la mayor cantidad de
tecnología e inversión, pues de lo contrario el Perú tendrá muy poco
que vender y será penetrado como un mercado pobre que, además, en
breve plazo, se agotará por su pobreza.
La norma aprista es inflexible. El Perú no podrá salir de su retraso
sin la inversión externa y tiene que hacer los mayores esfuerzos
para captarla cuanto antes en la mejor condición. Esto implica
superar lo que Haya definió en la Plaza San Martín "como un radio de
visión de pigmeos", es decir, los razonamientos clientelistas,
corporativistas. Cuanta mayor inversión llegue pagando impuestos,
generando empleo, comprando la producción nacional, desarrollando
carreteras, etc., menor será el peligro de quedar rezagados en la
guerra por el desarrollo y por la generación de empleo.
Claro que hay que vigilar que la inversión se haga de manera justa,
cuidando el medio ambiente de acuerdo a los estándares mundiales y
con la supervisión de organismos internacionales, pero debemos
rechazar que ese argumento se use políticamente para bloquear la
inversión y para crear espacios electorales como lo pretende la ex
izquierda extremista que no ha abandonado su prejuicio anti
inversión y que se disfraza ahora de ecologista.
Un programa de futuro.
Sigamos los consejos del propio Lenin y de Haya de la Torre, creador
del antimperialismo constructivo, porque las matemáticas son
inflexibles. Si el Perú sigue creciendo al 4% anual, que es un
crecimiento mediocre y que no genera empleo suficiente, tardaríamos
35 años en llegar a tener lo que Chile tiene actualmente. Con el 4%
anual de hoy, dentro de diez años el PBI será de US$85 mil millones
y a cada peruano en promedio tocará US$2,600; es decir, se habrán
mantenido el desempleo y la miseria.
En cambio, si logramos atraer por lo menos US$ 11 mil millones
externos en minería, carreteras, agroexportación, infraestructura
portuaria y aeroportuaria, el Estado, con más impuestos y gracias a
ellos, podrá invertir también US$11 mil millones y el conjunto
restante de la actividad privada nacional podría aportar otros US$20
mil millones, con lo que el país podría crecer a más del 7% anual en
los próximos diez años y el PBI llegaría a US$120,000 millones al
final del período, y a cada peruano le correspondería US$3,600, con
lo que se habría generado mas de un millón y medio de empleos
adicionales a los que genera por si sola la economía actualmente.
En conclusión, el aprismo no puede proponer el statu quo y la
mediocridad a un país que requiere un desarrollo social y económico
acelerado. Y su tesis por la inversión no está reñida con los
objetivos de la justicia social, que consiste en el empleo digno, la
educación de estándar internacional, la salud como derecho general y
condiciones de equidad y redistribución social mejores. Pero, como
dijo Haya de la Torre, no se puede distribuir lo que no existe y hay
que crear riqueza como ya lo han hecho otros países. Convocar a la
inversión es, pues, junto al programa social por la erradicación de
la pobreza y la desigualdad, un objetivo esencial y aprista.
El realismo de Haya ante el capital extranjero
En 1945 Haya planteó las condiciones para tratar con el capitalismo.
Desde 1928, al escribir El antimperialismo y el Apra, Haya de la
Torre se apartó del comunismo europeísta afirmando que: a) el
imperialismo es, en nuestros pueblos, la primera etapa del
capitalismo, b) el imperialismo económico es ambivalente pues, al
mismo tiempo que amenaza, trae el capital y la tecnología para el
desarrollo, y c) el Estado debe contratar realistamente con el
capital extranjero porque "nuestro antimperialismo es constructivo".
Sin embargo, la lectura incompleta y a veces la demagogia han hecho
olvidar esta visión valerosa y creativa de Haya de la Torre. El
Estado no debe limitarse a administrar o distribuir la miseria sino
que debe impulsar el desarrollo. Debe estudiarse y repetir bien a
Haya de la Torre, que dijo: "aunque parezca mentira, hay todavía
ingenuos que creen que nosotros tenemos un concepto europeo del
reparto de la riqueza. En Europa hay un fenómeno de saturación de la
población, en Europa se concibe que los planes socialistas hayan
trazado un nuevo método o sistema del reparto de la riqueza, pero
ese no es el problema acá y en el Perú no se trata de quitar la
riqueza al que la tiene sino de crear riqueza para el que no la
tiene, ¿por qué vamos a circunscribir nosotros el programa del
partido del pueblo, como reparto de la pequeña riqueza del Perú? Eso
sería concebir los ideales apristas con un radio de visión de
pigmeos" (20 de mayo de 1945, Plaza San Martín).
Porque la creación de la mayor riqueza impone tratar con el capital
extranjero pues "en tanto el sistema capitalista impere en el mundo,
los pueblos de indoamérica, como todos los económicamente
retrasados, tienen que recibir capitales del extranjero y tratar con
ellos" (El antimperialismo y el Apra, capítulo VIII). Y, por eso, "
los apristas no somos anticapitalistas en el sentido del beneficio
civilizador que el capitalismo trae a los países atrasados" (Obras
completas, tomo V, pag. 45).
Consecuente con ello, en 1931 Haya respondió con gran realismo a los
obreros de la mina de la empresa Northern en Quiruvilca cuando le
preguntaron: "¿Hasta dónde va el antimperialismo del Apra?, ¿Va
hasta anular la capacidad de producción y de trabajo que para
nosotros significa esta empresa? Porque, mire usted, nosotros
ganábamos en las haciendas 30 céntimos al día, algunos centavos de
coca y una ración. Ahora tenemos zapatos, estamos vestidos, ganamos
más o menos el equivalente de 2 ó 3 dólares por día. ¿ Nos van a
devolver otra vez al latifundio? Y yo les dije: No, el
antimperialismo del Apra es un antimperialismo constructivo". (Obras
completas, tomo IV, pag. 441).
La misma tesis la repitió Haya de la Torre hasta su muerte,
reiterando en todos sus discursos desde 1965 hasta 1978: "Ningún
país subdesarrollado podrá salir de su retraso sin la ayuda
económica y tecnológica de los países avanzados" (Obras completas,
tomo VII, pag. 333), y con esa tesis se enfrentó al régimen de
Velasco diciendo: "Aquí se ha hecho demagogia sobre el desarrollo
económico del Perú, y no ha faltado quienes dijeran que podríamos
resurgir del subdesarrollo sin auxilio de nadie, y por obra de una
espontánea generación de capitales salidos del fondo de la tierra"
(Obras completas, tomo VII, pag. 349). "Quien diga a nuestros
pueblos que podemos vivir como Robinson Crussoe, improvisando
nuestra propia vida de avance y progreso, está mintiendo al pueblo"
(Op.cit).
Pero las tendencias estatistas del gobierno militar 1968-1980,
facilitadas por el gran endeudamiento externo, impulsaron una
lectura equivocada de los textos de Haya de la Torre e inclusive nos
llevaron a los apristas a adoptar como si fuera propia e inspirada
en Haya la concentración de medios de producción y empresas públicas
hechas por el gobierno militar, la cual no se corrigió por ello
durante el gobierno aprista. Pero esa concentración estatista se
había hecho endeudando al país en US$6 mil millones de dólares,
equivalentes a US$20 mil millones de dólares de hoy. Y cuando, como
había previsto Haya de la Torre, terminó en 1980 la etapa del
crédito en el mundo, quedó una enorme deuda y se detuvo la
posibilidad de mayor inversión porque, como es lógico, el capital
privado difícilmente invierte en empresas que pertenecen al Estado.
Por eso, la etapa del estado propietario, minero, arrocero,
generador de electricidad, entró en crisis.
En ese momento debimos recordar lo que dice El antimperialismo y el
Apra: "El Apra se sitúa en el plano realista de nuestra época y
nuestra ubicación en la geografía. Nuestro tiempo y nuestro espacio
económicos nos señalan una posición y un camino: Mientras el
capitalismo subsista como sistema dominante en los países más
avanzados, tenemos que tratar con el capitalismo". Si el gobierno
aprista hubiera saltado al capítulo de promocionar mucho más
activamente la inversión externa en infraestructura, minería o
petróleo, el resultado hubiera sido muy diferente. Tal vez su error
de perspectiva fue intentar controlar y distribuir la escasa riqueza
que entonces existía, olvidando el discurso del 20 de mayo de 1945
antes citado.
Estudiar debidamente esa teoría y, sin embargo, a pesar de estas
claras ideas de Haya de la Torre, aún hay en el país y dentro del
aprismo mucha reticencia y temor a promover el ingreso del capital
externo y a impulsar la inversión privada. Se olvida, además, la
inmensa lección de Lenin, al que Haya de la Torre rinde homenaje
cuando dice en El antimperialismo y el Apra que, "con genial
oportunismo detuvo las nacionalizaciones e impulsó una Nueva
Política Económica" (El antimperialismo y el Apra, capítulo III).
Haya citaba del libro El capitalismo de estado y el impuesto en
Especie de Lenin, lo siguiente: "Implantando el capitalismo de
Estado en forma de concesiones, el poder de los soviets refuerza la
gran producción contra la pequeña, el elemento progresivo contra el
reaccionario, aumenta la suma de productos y mejora rápidamente el
estado de la producción y la vida de los operarios y campesinos, a
costa, naturalmente, de ciertos sacrificios, entregando al
capitalismo decenas y decenas de millones de puds de nuestros más
valiosos productos". (Lenin citado por Haya de la Torre, III edición
de El antimperialismo y el Apra).
Y Haya continúa citando, como prueba de esa genial rectificación, lo
siguiente: "Tomen la dirección económica, los capitalistas
trabajarán a nuestro lado, a nuestro lado estarán los capitalistas
extranjeros, los concesionarios, los arrendadores. Ganarán
beneficios de muchos cientos por cientos, se enriquecerán a nuestro
lado. Que se enriquezcan, no importa, pero ustedes aprenderán de
ellos el arte de administrar la economía nacional. Esta ciencia es
dura y severa, algunas veces es cruel, pero no hay otra solución".
Siguiendo a Lenin, Haya precisó en el curso de su vida que "la
nacionalización progresiva de la riqueza debe entenderse como el
dominio, el condominio o el contralor y la vigilancia estatal, según
los casos de ciertas fuentes de riqueza" (tomo VI, pag. 339), y por
eso en 1972 dijo: "Consideramos que los planes de contratos
petroleros en la selva con 16 compañías extranjeras, cada una de las
cuales está obligada a perforar 10 pozos en el plazo de 7 años,
significan ciertamente la aplicación del principio de la
nacionalización progresiva de la riqueza" (tomo VII, pag. 418).
Este es pues el aprismo y esas son las ideas de Haya de la Torre.
Alan García
Fecha de Publicación:
31/08/2004 10:51:00
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