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Año 6.1 - Edición Digital Nº 58

 

Alan García Pérez

 

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Aprismo, Inversión y Justicia Social

"Haya y el pacto por la inversión". Alan García, líder del PAP, plantea en artículo publicado en Perú 21 y La Tribuna, que "el Perú no podrá salir de su atraso sin la inversión externa y tiene que hacer los mayores esfuerzos para captarla cuanto antes en la mejor condición".

Se equivocan quienes interpretan el pacto por la inversión y el empleo digno que he planteado en nombre del aprismo como un cambio de discurso, pues este corresponde exactamente al pensamiento de Haya de la Torre y, lo que es más importante, a lo que el Perú necesita para generar trabajo y bienestar.

El aprismo mantiene su programa social de impulso a la agricultura y la descentralización, de defensa de los consumidores y los derechos internacionales del trabajo. Propone, asimismo, la austeridad en el Estado para aumentar la inversión social. Pero todo eso es muy poco ante las necesidades de empleo y bienestar y ante la velocidad del desarrollo en el resto del mundo. Hace falta impulsar y atraer decisivamente la nueva inversión que desarrolle las tierras, las minas, las carreteras, los aeropuertos, las fábricas, que genere más empleo y entregue al Estado más impuestos para financiar la inversión social en educación, salud, descentralización y agricultura para promover la justicia social. Convocar la inversión no es hacer un giro ideológico ni una pirueta electoral sino aplicar las más sólidas enseñanzas de Haya de la Torre.

La realidad de hoy.

¿Cuál es nuestro espacio tiempo económico actual al que aplicar dichas enseñanzas? Como lo he sostenido en mi libro Modernidad y política en el siglo XXI, vivimos un nuevo modo de producción global en el que la velocidad de la información, que tiene como expresión, entre otras, al dinero electrónico, consolida un mercado mundial único a enorme velocidad. La tecnología genética e informática impulsa la sociedad del conocimiento y, por ello, en el mercado mundial, la mayor proporción del precio de lo intercambiado es inteligencia e información y la menor proporción son las materias primas.

En los últimos 20 años, el valor del comercio mundial se ha multiplicado por 15 veces; la capacidad productiva, gracias a la genética y a la automatización informática, supera con creces la capacidad del consumo mundial. Y lo que es más importante, la capacidad de inversión privada en el mundo es mucho mayor que la capacidad de inversión de los estados y gira rápidamente alrededor de la tierra buscando rentabilidad.

De esa inversión, los nuevos países-taller, como China, India y el bloque asiático, han logrado atraer cientos de miles de millones de dólares elevando los salarios y la condición de vida de sus pueblos. México, por su cercanía y alianza con Estados Unidos, pero también Centroamérica y Chile, están logrando las mayores inversiones en Latinoamérica. Y los demás países de América Latina, salvo el caso de Venezuela por su inmensa riqueza petrolera, deben competir por las inversiones.

La inversión es imprescindible.

¿Puede el Perú estar ausente de esa carrera por el desarrollo, las inversiones, el empleo y la exportación? ¿Puede un partido político responsable limitarse a administrar de mejor manera los escasos recursos internos? La respuesta es no. El razonamiento a lo Robinson Crussoe al que se refería Haya de la Torre, es decir, administrar los pocos recursos con los que cuenta el país, sólo conduciría a perpetuar la pobreza, el desempleo y la mediocridad. Es imprescindible atraer el capital en forma de inversión productiva porque, al aplicarse, arrastrará múltiples actividades internas.

Es claro que la inversión externa desencadena a su vez la inversión nacional. Por ejemplo, por cada US$1,000 millones de inversión en un yacimiento minero, se calcula que US$650 millones son comprados a proveedores nacionales de cemento, metal mecánica, electricidad, carbón, etc. Sólo por esa razón se genera un ingreso para el Estado de US$120 millones por IGV, pero el aumento de la producción y exportación minera permite también aumentar el ingreso por impuestos a la exportación y a la renta. Así, directa o indirectamente aumenta el empleo, pero aumentan los recursos en manos del Estado para la educación, la salud y la agricultura.

He tomado el ejemplo de la inversión minera porque hoy, y por los próximos años, los precios de los minerales, impulsados por el crecimiento asiático, son lo más atractivo que el Perú tiene para la inversión externa, y por esa razón, los US$1,000 millones considerados pueden ser en realidad US$10,000 millones si se actúa con velocidad desarrollando las Bambas, Michiquillay, Quellaveco, Cerro Verde, Majaz, Magistral, etc. Hay pues que aprovechar este espacio-tiempo económico pues podría ser que dentro de diez años se reduzca ese interés y los recursos mineros queden postergados o, lo que es más peligroso, sean superados por algún descubrimiento tecnológico.

Además, en el caso en que la producción de cobre, zinc, plomo, plata y oro se duplicara, su volumen permitiría un salto cuantitativo para impulsar el desarrollo de la metalmecánica minera, tal como Chile lo ha logrado, y eso daría un uso industrial adicional a la propia minería. Y también el Perú podría multiplicar por diez su exportación y empleo por la joyería.

Otro capítulo central es la inversión agrícola y de exportación por el mayor número de empleos directos que genera. Ella puede lograrse ofreciendo todas las facilidades y seguridades en las tierras del país y facilitando no sólo terrenos eriazos sino, también, la articulación de propiedades en las que pueden desarrollarse tecnológica y competitivamente los productos de exportación. En los próximos diez años el Perú podría alcanzar fácilmente una exportación de US$5,000 millones en nuevos productos agrícolas, si concede, por ejemplo, un doble crédito tributario a la inversión en infraestructura de riego. Pero algo similar puede lograrse en el desarrollo vial. De 78,000 kms. de rutas, apenas 10,000 son asfaltadas y pocos cientos de kilómetros merecen llamarse autopistas. Y la matemática es simple. Mucho más gastan el Perú y los transportistas reponiendo las partes, piezas y vehículos deteriorados que lo que gastarían pagando peajes en autopistas de calidad construidas con inversión privada. Y lo mismo puede plantearse en muchas otras áreas de perforación petrolera, de desarrollo del gas, de generación eléctrica o de infraestructura aeroportuaria.

La política social requiere inversión.

Todas estas propuestas se desprenden del pensamiento aprista. El Apra defiende el derecho al empleo, a la salud y a la educación, porque en el mundo actual, en el que hay tanta exclusión, la creación del empleo es el primer y más efectivo paso para la redistribución de la riqueza. El Apra defiende los derechos fundamentales del trabajo creado, como son la negociación colectiva, la jornada laboral adecuada y las condiciones de seguridad social; defiende el derecho de los consumidores y la capacidad del Estado para promover el desarrollo. Pero sabe que la alternativa sin inversión es el desempleo, el asistencialismo y la carencia de recursos estatales, que es el peligroso camino hacia el que el país está orientándose.

Porque, además, puede ocurrir que el ALCA y la alianza comercial con Estados Unidos, que en 1940 Haya de la Torre había previsto, se hagan realidad sin que previamente hayamos logrado más inversiones, más tecnología, más empleo dentro del Perú. El TLC ya es una realidad para México, Chile y Centroamérica, cuya producción es más competitiva, y dentro de poco será una realidad para Colombia, de manera que el Perú no podrá quedarse aislado del gran mercado. Deberá negociar lo mejor posible, defender al máximo su agricultura, pero negociar.

Sin embargo, de poco valdrían los acuerdos y el gran mercado, si previamente o al mismo tiempo no se impulsa la mayor cantidad de tecnología e inversión, pues de lo contrario el Perú tendrá muy poco que vender y será penetrado como un mercado pobre que, además, en breve plazo, se agotará por su pobreza.

La norma aprista es inflexible. El Perú no podrá salir de su retraso sin la inversión externa y tiene que hacer los mayores esfuerzos para captarla cuanto antes en la mejor condición. Esto implica superar lo que Haya definió en la Plaza San Martín "como un radio de visión de pigmeos", es decir, los razonamientos clientelistas, corporativistas. Cuanta mayor inversión llegue pagando impuestos, generando empleo, comprando la producción nacional, desarrollando carreteras, etc., menor será el peligro de quedar rezagados en la guerra por el desarrollo y por la generación de empleo.

Claro que hay que vigilar que la inversión se haga de manera justa, cuidando el medio ambiente de acuerdo a los estándares mundiales y con la supervisión de organismos internacionales, pero debemos rechazar que ese argumento se use políticamente para bloquear la inversión y para crear espacios electorales como lo pretende la ex izquierda extremista que no ha abandonado su prejuicio anti inversión y que se disfraza ahora de ecologista.

Un programa de futuro.

Sigamos los consejos del propio Lenin y de Haya de la Torre, creador del antimperialismo constructivo, porque las matemáticas son inflexibles. Si el Perú sigue creciendo al 4% anual, que es un crecimiento mediocre y que no genera empleo suficiente, tardaríamos 35 años en llegar a tener lo que Chile tiene actualmente. Con el 4% anual de hoy, dentro de diez años el PBI será de US$85 mil millones y a cada peruano en promedio tocará US$2,600; es decir, se habrán mantenido el desempleo y la miseria.

En cambio, si logramos atraer por lo menos US$ 11 mil millones externos en minería, carreteras, agroexportación, infraestructura portuaria y aeroportuaria, el Estado, con más impuestos y gracias a ellos, podrá invertir también US$11 mil millones y el conjunto restante de la actividad privada nacional podría aportar otros US$20 mil millones, con lo que el país podría crecer a más del 7% anual en los próximos diez años y el PBI llegaría a US$120,000 millones al final del período, y a cada peruano le correspondería US$3,600, con lo que se habría generado mas de un millón y medio de empleos adicionales a los que genera por si sola la economía actualmente.

En conclusión, el aprismo no puede proponer el statu quo y la mediocridad a un país que requiere un desarrollo social y económico acelerado. Y su tesis por la inversión no está reñida con los objetivos de la justicia social, que consiste en el empleo digno, la educación de estándar internacional, la salud como derecho general y condiciones de equidad y redistribución social mejores. Pero, como dijo Haya de la Torre, no se puede distribuir lo que no existe y hay que crear riqueza como ya lo han hecho otros países. Convocar a la inversión es, pues, junto al programa social por la erradicación de la pobreza y la desigualdad, un objetivo esencial y aprista.

El realismo de Haya ante el capital extranjero

En 1945 Haya planteó las condiciones para tratar con el capitalismo.

Desde 1928, al escribir El antimperialismo y el Apra, Haya de la Torre se apartó del comunismo europeísta afirmando que: a) el imperialismo es, en nuestros pueblos, la primera etapa del capitalismo, b) el imperialismo económico es ambivalente pues, al mismo tiempo que amenaza, trae el capital y la tecnología para el desarrollo, y c) el Estado debe contratar realistamente con el capital extranjero porque "nuestro antimperialismo es constructivo".

Sin embargo, la lectura incompleta y a veces la demagogia han hecho olvidar esta visión valerosa y creativa de Haya de la Torre. El Estado no debe limitarse a administrar o distribuir la miseria sino que debe impulsar el desarrollo. Debe estudiarse y repetir bien a Haya de la Torre, que dijo: "aunque parezca mentira, hay todavía ingenuos que creen que nosotros tenemos un concepto europeo del reparto de la riqueza. En Europa hay un fenómeno de saturación de la población, en Europa se concibe que los planes socialistas hayan trazado un nuevo método o sistema del reparto de la riqueza, pero ese no es el problema acá y en el Perú no se trata de quitar la riqueza al que la tiene sino de crear riqueza para el que no la tiene, ¿por qué vamos a circunscribir nosotros el programa del partido del pueblo, como reparto de la pequeña riqueza del Perú? Eso sería concebir los ideales apristas con un radio de visión de pigmeos" (20 de mayo de 1945, Plaza San Martín).

Porque la creación de la mayor riqueza impone tratar con el capital extranjero pues "en tanto el sistema capitalista impere en el mundo, los pueblos de indoamérica, como todos los económicamente retrasados, tienen que recibir capitales del extranjero y tratar con ellos" (El antimperialismo y el Apra, capítulo VIII). Y, por eso, " los apristas no somos anticapitalistas en el sentido del beneficio civilizador que el capitalismo trae a los países atrasados" (Obras completas, tomo V, pag. 45).

Consecuente con ello, en 1931 Haya respondió con gran realismo a los obreros de la mina de la empresa Northern en Quiruvilca cuando le preguntaron: "¿Hasta dónde va el antimperialismo del Apra?, ¿Va hasta anular la capacidad de producción y de trabajo que para nosotros significa esta empresa? Porque, mire usted, nosotros ganábamos en las haciendas 30 céntimos al día, algunos centavos de coca y una ración. Ahora tenemos zapatos, estamos vestidos, ganamos más o menos el equivalente de 2 ó 3 dólares por día. ¿ Nos van a devolver otra vez al latifundio? Y yo les dije: No, el antimperialismo del Apra es un antimperialismo constructivo". (Obras completas, tomo IV, pag. 441).

La misma tesis la repitió Haya de la Torre hasta su muerte, reiterando en todos sus discursos desde 1965 hasta 1978: "Ningún país subdesarrollado podrá salir de su retraso sin la ayuda económica y tecnológica de los países avanzados" (Obras completas, tomo VII, pag. 333), y con esa tesis se enfrentó al régimen de Velasco diciendo: "Aquí se ha hecho demagogia sobre el desarrollo económico del Perú, y no ha faltado quienes dijeran que podríamos resurgir del subdesarrollo sin auxilio de nadie, y por obra de una espontánea generación de capitales salidos del fondo de la tierra" (Obras completas, tomo VII, pag. 349). "Quien diga a nuestros pueblos que podemos vivir como Robinson Crussoe, improvisando nuestra propia vida de avance y progreso, está mintiendo al pueblo" (Op.cit).

Pero las tendencias estatistas del gobierno militar 1968-1980, facilitadas por el gran endeudamiento externo, impulsaron una lectura equivocada de los textos de Haya de la Torre e inclusive nos llevaron a los apristas a adoptar como si fuera propia e inspirada en Haya la concentración de medios de producción y empresas públicas hechas por el gobierno militar, la cual no se corrigió por ello durante el gobierno aprista. Pero esa concentración estatista se había hecho endeudando al país en US$6 mil millones de dólares, equivalentes a US$20 mil millones de dólares de hoy. Y cuando, como había previsto Haya de la Torre, terminó en 1980 la etapa del crédito en el mundo, quedó una enorme deuda y se detuvo la posibilidad de mayor inversión porque, como es lógico, el capital privado difícilmente invierte en empresas que pertenecen al Estado. Por eso, la etapa del estado propietario, minero, arrocero, generador de electricidad, entró en crisis.

En ese momento debimos recordar lo que dice El antimperialismo y el Apra: "El Apra se sitúa en el plano realista de nuestra época y nuestra ubicación en la geografía. Nuestro tiempo y nuestro espacio económicos nos señalan una posición y un camino: Mientras el capitalismo subsista como sistema dominante en los países más avanzados, tenemos que tratar con el capitalismo". Si el gobierno aprista hubiera saltado al capítulo de promocionar mucho más activamente la inversión externa en infraestructura, minería o petróleo, el resultado hubiera sido muy diferente. Tal vez su error de perspectiva fue intentar controlar y distribuir la escasa riqueza que entonces existía, olvidando el discurso del 20 de mayo de 1945 antes citado.

Estudiar debidamente esa teoría y, sin embargo, a pesar de estas claras ideas de Haya de la Torre, aún hay en el país y dentro del aprismo mucha reticencia y temor a promover el ingreso del capital externo y a impulsar la inversión privada. Se olvida, además, la inmensa lección de Lenin, al que Haya de la Torre rinde homenaje cuando dice en El antimperialismo y el Apra que, "con genial oportunismo detuvo las nacionalizaciones e impulsó una Nueva Política Económica" (El antimperialismo y el Apra, capítulo III). Haya citaba del libro El capitalismo de estado y el impuesto en Especie de Lenin, lo siguiente: "Implantando el capitalismo de Estado en forma de concesiones, el poder de los soviets refuerza la gran producción contra la pequeña, el elemento progresivo contra el reaccionario, aumenta la suma de productos y mejora rápidamente el estado de la producción y la vida de los operarios y campesinos, a costa, naturalmente, de ciertos sacrificios, entregando al capitalismo decenas y decenas de millones de puds de nuestros más valiosos productos". (Lenin citado por Haya de la Torre, III edición de El antimperialismo y el Apra).

Y Haya continúa citando, como prueba de esa genial rectificación, lo siguiente: "Tomen la dirección económica, los capitalistas trabajarán a nuestro lado, a nuestro lado estarán los capitalistas extranjeros, los concesionarios, los arrendadores. Ganarán beneficios de muchos cientos por cientos, se enriquecerán a nuestro lado. Que se enriquezcan, no importa, pero ustedes aprenderán de ellos el arte de administrar la economía nacional. Esta ciencia es dura y severa, algunas veces es cruel, pero no hay otra solución".

Siguiendo a Lenin, Haya precisó en el curso de su vida que "la nacionalización progresiva de la riqueza debe entenderse como el dominio, el condominio o el contralor y la vigilancia estatal, según los casos de ciertas fuentes de riqueza" (tomo VI, pag. 339), y por eso en 1972 dijo: "Consideramos que los planes de contratos petroleros en la selva con 16 compañías extranjeras, cada una de las cuales está obligada a perforar 10 pozos en el plazo de 7 años, significan ciertamente la aplicación del principio de la nacionalización progresiva de la riqueza" (tomo VII, pag. 418).

Este es pues el aprismo y esas son las ideas de Haya de la Torre.

Alan García

Fecha de Publicación: 31/08/2004 10:51:00

 
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