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Carta de Alan García Pérez
Señor Director
Usando la objetividad que debe primar en el
periodismo y del derecho de réplica al que la razón asiste,
permítame responder algunos argumentos consignados tanto en el
editorial como en la página 2 de la edición de hoy, pues creo que
hay algunos errores de análisis en su interpretación.
Primero, un paro cívico no significa de ninguna
manera identificarse con posturas ideológicas radicales. Es sólo una
forma de expresar el enorme descontento del país y llegado el caso
podría haber un paro promovido por los liberales o los sectores
conservadores como ya ha ocurrido en muchos países.
Por consiguiente no hay que confundir el instrumento con el objetivo
ideológico como se desprende de su análisis. El Apra respaldó el
paro con su propia plataforma a favor de la austeridad estatal, la
agricultura, la descentralización, el empleo y el fin de los enormes
escándalos que su propio periódico denuncia diariamente.
En segundo lugar, es un error confundir un paro
laboral y cívico con violencia, muerte y destrucción. Durante
semanas su análisis lo llevó a anunciar que eran previsibles actos
de destrucción por los partidos de izquierda y hasta una
participación guerrillera internacional (FARC). Como usted ha visto,
aunque no se ha informado, no se ha producido ni un herido, ni un
incendio, ni una muerte y ese es un error de análisis que debería
aceptarse, como en su caso lo acepta el propio Ministro de Economía
al señalar que el Perú no ha perdido económicamente con el paro. Así
no se comprende por qué se aprueba lo que fue la Marcha de los
Cuatro suyos y se rechaza un paro pacífico de protesta contra un mal
gobierno.
En tercer lugar, considerando que el 90% de la
población desaprueba al gobierno y el 75% según las encuestas quiere
un cambio radical, y hasta un adelanto de elecciones, habría que
considerar entre los argumentos para comprender por qué no se
paralizó el 100% del país, que la aprobación al paro no significa
automáticamente la participación obligatoria en él. Muchos peruanos
hubieran deseado participar y no lo hicieron para no perder su
jornal, otros por haber caído en el embuste de que el paro es
violencia, algunos por creer que así benefician a un partido. Pero
pasado el paro, ese mismo 90% seguirá exigiendo cambios en el
gobierno y su tendencia natural será comprender que, entre los
medios de presión para ese cambio estuvo el paro y que quienes
participaron en él cumplieron su deber.
En conclusión, después de ver, en el informe de la
Defensoría del Pueblo, que más de la mitad del país paralizó sus
labores, que departamentos enteros se detuvieron totalmente lo que
ha sido ignorado por la desinformación centralista de la noticia,
reitero que, aún cuando su propio diario y otros periódicos digan
que el paro fue “a media caña”, que ese solo reconocimiento muestra
que el Apra con su respaldo, cumplió con expresar la enorme
impaciencia del pueblo peruano como lo demuestran además los
insultos y el despecho de los grupos políticos que se pusieron de
lado del gobierno toledista defendiéndolo en el momento en que era
necesario tomar una decisión.
Finalmente, creo que la prensa ha cumplido, en estos
años, una importante función haciendo gravísimas denuncias que
tienen en la conciencia colectiva quizás más importancia que un paro
nacional. De allí que los voceros del gobierno y el propio Dr.
Toledo hayan acusado a algunos medios de prensa de terrorismo
político y de destrucción de la gobernabilidad. Creo que ese es un
derecho de la prensa y nadie podría acusarla de destruir la
inversión y la imagen del Perú ante el exterior y tampoco de
prestarse a estrategias extremistas o sectarias.
Pero por eso, los importantes analistas y periodistas
deberían aceptar que los partidos también tenemos el derecho de
denuncia y de la acción social organizada. Que un periódico haga
graves denuncias sin que aumente el número de sus lectores y
compradores no significa que esté desautorizado por los 27 millones
de peruanos. De la misma manera que un partido respalda un paro que
no llega al 100% no permite interpretar, salvo por error, que ha
sido desautorizado por el país.
Estoy seguro, distinguido amigo, que esta opinión será publicada.
Muy atentamente,
Alan García
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